El alineamiento político del intendente contrasta con las promesas incumplidas del Gobierno. De 330 millones que debían llegar este año, sólo se acreditaron 18 millones.
Los presupuestos municipales de 2009 y 2010 son un fiel reflejo del volumen de dinero que prometió el Gobierno nacional. Ese ítem funcionó como una suerte de anabólico que infló la previsión de ingresos, aunque no tuvo correlato en la realidad.
En 2009, se previó un paquete de asistencia financiera por casi 310 millones de pesos, de los cuales finalmente llegaron 13,5 millones, lo que implicó algo más del cuatro por ciento del total. En ese momento, la explicación recurrente fue el claro impacto que los coletazos de la crisis mundial de 2008 habían provocado en las finanzas del país. “Los Kirchner tienen problemas de caja, ¿cómo nos va a ayudar a nosotros”, se autoconsolaban por entonces algunos funcionarios municipales.
Pese a que se suponía que 2010 iba a ser el año para enmendar esa deuda y a que muchos imaginaban al kirchnerismo apuntalando la gestión de Giacomino, en concreto, los números repiten un panorama similar al del año pasado.
Ingresando al último cuatrimestre del año, sobre un total de 330 millones de pesos que debían llegar para obras, la caja municipal contabilizó 18 millones de pesos (5,4 por ciento), de los cuales la mayor parte se destinó a obras de cloacas.
Para dimensionar lo que representarían 330 millones de pesos para la ciudad, una referencia cercana es que en todo 2009 ingresaron al municipio casi 400 millones de pesos en concepto de coparticipación. Otro indicador útil es que el plan de obras públicas presupuestado para 2010 es de 565 millones de pesos.
Estas referencias muestran que más de 300 millones de pesos efectivamente puestos en la ciudad, por cierto que le cambiarían la cara a Córdoba.
No se ve. Además, los 18,5 millones de pesos que sí envió la Nación fueron a la ampliación de la planta cloacal de Bajo Grande, iniciada durante la gestión de Luis Juez. Se trata de una obra “que no se ve” (en términos de marketing político) y que Giacomino espera inaugurar junto con la Presidenta antes de fin de año.
Al margen de esa obra, la Nación aportó fuerte para poner en marcha la empresa Crese (a comienzos de 2009) y para construir el nuevo hospital en Villa El Libertador, en la zona sur de la ciudad.
Hay otro elemento que permite configurar el impacto real de los fondos que llegaron desde la Nación este año: paradójicamente, esos 18 millones de pesos son el equivalente a la obra pública que el municipio está encarando con recursos propios.
La referencia es para tres desagües: sobre calle Tomás Garzón, en Argüello (se inauguró el jueves último y costó tres millones de pesos); en calle Ravello, de barrio Mosconi (ejecutado en 70 por ciento, con inversión de ocho millones de pesos) y en calle Miguel de Mojica, barrio Marqués de Sobremonte (arranca ahora, con presupuesto de 10 millones de pesos).
Desde el municipio estiman que, en lo que resta del año, pueden llegar unos 40 millones de pesos más de la Nación, para ejecutar dos desagües que ya fueron licitados. Si esa previsión se concreta, 2010 cerraría con un nivel de cumplimiento efectivo cercano al 20 por ciento de lo comprometido por el Gobierno nacional.
Quienes dan prioridad a una mirada optimista de la cuestión, insisten en que perciben “toda la disposición” de la Nación para ayudar a Giacomino y que nunca estuvo tan cerca como ahora la posibilidad de contar con aportes económicos.
Los pesimistas sólo echan un vistazo al archivo. En febrero pasado, Giacomino volvió eufórico de una reunión con el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, quien le confirmó que la plata prometida le iba a llegar. “Fui para ver qué obras podíamos ejecutar y del otro lado me dijeron: todo”, contó el intendente a la prensa.
Luego, en mayo, se repitió un encuentro similar, aunque esa vez con Néstor Kirchner, y allí se ratificó la decisión de hacer las obras. Hasta hora, el calendario no acusó recibo de esos compromisos. Lo mismo ocurrió con el comentado ATN (Aportes del Tesoro Nacional) que Giacomino pidió desesperado a fines de 2009 para poder pagar los sueldos y que nunca llegó. Los sueldos se pagaron con un adelanto de coparticipación por 20 millones, que la Provincia giró al municipio.




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