Teherán entregará 1.200 kilos de uranio a Ankara, que deberá devolverlo enriquecido al cabo de un año. Busca así evitar sanciones de la ONU, que ahora deberá revisar el convenio. El pacto fue recibido con cautela por EE.UU. y sus aliados.
Era eso lo que habían pedido a fines del año pasado las grandes potencias, en un intento por controlar el desarrollo atómico de la república islámica. El fracaso de aquella presión sobre Teherán abrió las puertas para que Estados Unidos reclamara ante el Consejo de Seguridad un refuerzo de las sanciones contra Teherán. Sería en ese caso el tercer apriete internacional y debía ser votado esta semana. Pero el pacto de Irán con Brasil y Turquía interpuso una pausa. Por eso, en declaraciones posteriores el canciller Celso Amorim, uno de los redactores del convenio, sostuvo que no resuelve todo pero es "el pasaporte para que pueda haber discusiones más amplias capaces de crear confianza en la comunidad internacional". El presidente ruso Dmitri Medvedev apoyó el acuerdo: "Bienvenido", dijo. Pero subrayó que es preciso conversar más sobre el asunto. Anoche se comunicó telefónicamente con Lula da Silva para conocer la letra del convenio, y más detalles que no fueron difundidos, de boca del presidente brasileño. Rusia es el país que haría, en principio, el enriquecimiento del uranio entregado por Irán.
El documento que ayer vio la luz requirió meses de discusión, con la visita de Ahmadinejad a Brasil a mediados de noviembre del año pasado y decenas de miles de kilómetros viajados posteriormente por el canciller Celso Amorim a Europa e Irán. Establece con precisión que en el plazo de 7 días a contar desde ayer -o sea, a más tardar el lunes próximo- el gobierno islámico "notificará por escrito a la Agencia Internacional de Energía Atómica, por medio de los canales oficiales, su acuerdo con los mecanismos expuestos en la declaración". También obliga a Teherán a respetar a rajatabla el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), con lo que eso significa: la admisión de la contabilidad del stock de materiales nucleares por parte de la AIEA. Según el convenio, Irán deberá negociar con "el grupo de Viena otros detalles del canje que se harán por escrito". El grupo de Viena está constituido por los cinco miembros con poder de veto del Consejo de Seguridad: Francia, Gran Bretaña, Rusia, Estados Unidos y China, más Alemania. Desde ese punto de vista, deben ser satisfechas las demandas de la AIEA, que ayer solicitó a Teherán el envío por escrito del convenio de intercambio de material atómico. Según este convenio marco, el canje de uranio ligeramente enriquecido por material nuclear con mayor contenido del isótopo radiactivo (U235) obliga a Irán a evitar "todo tipo de confrontación" y a "abstenerse de acciones y declaraciones retóricas" que puedan perjudicar el cumplimiento del pacto.
El canciller Celso Amorim sostuvo que, así como está, el acuerdo contiene "todos los elementos necesarios para que se lleve a cabo el canje de uranio" en Turquía. Recordó que después de ser sometido a la AIEA, el convenio deberá ser refrendado por las seis potencias que están en el grupo de Viena. Amorim, al igual que Lula da Silva, ratificaron que el pacto es "suficiente" para impedir que se apliquen nuevas sanciones. "Nosotros hemos hablado con todo el mundo: con Estados Unidos, con el presidente francés Sarkozy, con el presidente ruso Medvedev, con el presidente Chino Hu Jintao. Y en función de eso propusimos la salida diplomática". No obstante, hubo dudas en el resto del mundo, especialmente entre las potencias occidentales. Según dijeron analistas, el objetivo de la AIEA era "conseguir una interrupción del plan nuclear iraní hasta que se recuperara la confianza. No fue esto lo que se obtuvo". Aun así, se admite que será muy difícil para el Consejo de Seguridad rechazar la iniciativa ya que fue endosada por Brasil y Turquía. Amorim recordó que Ankara tiene sólidos lazos con Estados Unidos. Los garantizan la pertenencia turca a la OTAN y con varias bases norteamericanas instaladas en su territorio.
El acto en Teherán, luego de negociaciones que se extendieron por 18 horas, libró a Lula da Silva de la mortificación de un eventual fracaso que estuvo presente en él y en su delegación hasta el último minuto. Para Irán significa postergar sanciones que de tan duras irían a aislar definitivamente al régimen. La apuesta de EE.UU. era conseguir, por esa vía, un deterioro progresivo de la situación doméstica para Ahmadinejad y para el clero liderado por el ayatolá Alí Khamenei.



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