A 30 años de la Gesta de Malvinas, el recuerdo de los héroes recobra fuerza en el sentir nacional

Mañana se cumplirá un nuevo aniversario del día en que Argentina y Gran Bretaña iniciaban un conflicto bélico que culminaría el 14 de junio, dejando un saldo de más de 600 soldados argentinos caídos. La memoria de los actos heroicos gana protagonismo una vez más.
Mañana los argentinos recordaremos los 30 años de la Gesta de Malvinas y, junto con esta conmemoración debemos honrar la memoria de quienes fueron nuestros héroes, Tomás Silva y Aldo Patrone, pergaminenses que ofrecieron valientemente sus vidas en defensa de las islas del Atlántico Sur.

Argentina insiste enérgicamente en su reclamo de soberanía sobre Malvinas 30 años después de la guerra con el Reino Unido. Y en él, mientras tanto, la historia sacude la memoria de los argentinos. Historias que hoy cobran importancia porque pueden ser contadas. Historias tales como la de Adrián Polo y Carlos Miguelena, excombatientes (que por aquel entonces contaban con 20 y 19 años respectivamente) e integrantes del Centro de Excombatientes de Pergamino, entidad que actualmente cuenta con 14 miembros.

La herida sigue abierta, Malvinas despierta los más caros sentimientos entre argentinos que homenajeamos a las más de 640 víctimas que fallecieron en cumplimiento de su deber, en la mayoría de los casos sin estar física ni mentalmente preparados para ese deber.

Con el objetivo de recordar la Gesta de Malvinas desde las vivencias de los excombatientes, actualizar el cronograma de actividades que se desarrollará a partir de hoy y hasta el 13 de junio, y considerando la coyuntura política actual, con el reclamo del Gobierno nacional por la soberanía de las islas, es que LA OPINION decidió elaborar este sentido informe.

Memoria viva

Existe el axioma que reza que “el tiempo cura las heridas”, las del cuerpo, las del alma, en la mente y en el espíritu, pero existen excepciones a la regla y los recuerdos que provoca la Guerra de Malvinas están entre ellas y se encarnizan aún más con transcurso del tiempo. Está demostrada, a través de los inconvenientes que se han producido en la comunidad de los excombatientes, la permanencia de los recuerdos, una situación común entre quienes participaron de conflictos bélicos. Se ha detectado en todos los veteranos de guerra un síndrome postraumático, investigado científicamente. Así lo certifican nuestros excombatientes Adrián Polo y Carlos Miguelena

“Los excombatientes contamos con un tratamiento que nos permite seguir insertados dentro de la sociedad de modo normal, pero que debemos continuarlo cual medicación de una enfermedad crónica que tiene un origen”, explica Adrián Polo.

De acuerdo con lo expuesto por los entrevistados, este tipo de tratamiento les permite relatar la historia, contarla, hacerla viva entre las nuevas generaciones, “que Malvinas traspase la línea del tiempo, que haya una malvinización que nosotros siempre reclamamos”, quizás como una catarsis por tantos años de silencio impuesto. “Y esto es un trabajo de hormiga, realizado exclusivamente por los excombatientes para con los hombres del mañana, por ejemplo, los educandos de los diferentes establecimientos”, explicaron sobre las actividades que realizan día a día para mantener viva la gesta.

En primera persona

Volver a contar la historia y la activa participación en el conflicto bélico es de algún modo revivirla, traspasar los ejes del tiempo para asistir una vez más a ese momento que marcó un hito en la historia personal de cada uno de los que estuvo en la guerra.

En primera persona, Carlos Miguelena, que es el actual presidente del Centro de Excombatientes, explicó: “Formo parte de la primera etapa de la recuperación de las islas. Yo estaba incorporado en la Marina, en la base naval Puerto Belgrano, destinada al portaviones ARA ‘25 de Mayo’. El 28 de marzo fue el día en que zarpamos hacia algún lugar que desconocíamos, llenos de incertidumbre.

“El 30 de marzo nos indican que estábamos en vías de tomar las Islas Malvinas. En la madrugada del 2 de abril se procedió a tomar las islas, muere el capitán Giachino. Los aviones bajan al Puerto Argentino, la idea de los militares era tomar el lugar hasta que ambas partes intervinientes tuvieran la posibilidad de sentarse a negociar. Pensaban que contaban con el apoyo de Estados Unidos y que Gran Bretaña no se iba a arriesgar a participar de una guerra.

“El 1º de Mayo nos indican sobre la posibilidad de hacer un ataque a la flota inglesa, con el portaviones a la cabeza y los destructores. Se acercó este grupo a 150 millas náuticas del objetivo y cuando se dio la orden de hacer el ataque no se registra el viento necesario para enfrentar la operación, que fue abortada inmediatamente.

“Cuando estamos volviendo a tierra firme, los enemigos detectan el Crucero Belgrano, lo persiguen y lo hunden. A pesar de esto se continuó con la navegación y el 15 de mayo los superiores se dieron cuenta de que no podíamos hacer frente al conflicto y ordenaron que la flota debía volver al puerto”, recordó emocionado Miguelena.

Alejar fragatas

Casualmente el mismo día, 15 de mayo, otro excombatiente, Adrián Polo, ingresaba a ser partícipe activo del conflicto armado, del que él sí tenía conocimiento. “Participo del bautismo de fuego en la artillería argentina. Mi tarea era el manejo de algunos cañones de largo alcance que se encontraban ubicados en Malvinas, de 255 milímetros. Nosotros cruzamos a las islas el 13 de mayo con la guerra instalada, es por eso que sabíamos adónde íbamos. La flota atacaba a las islas en forma permanente. Pero cruzamos con dos cañones mientras que el resto de la flota debió quedarse en el continente.

“A partir del 15 de mayo nuestra labor era alejar las fragatas de las islas, con cañones que tiran con una precisión de 20 kilómetros pero era muy escasa la artillería para contrarrestar la acción del enemigo. Se cambió el accionar cuando el enemigo ingresa por el estrecho de San Carlos y desembarca en la Isla Soledad. Nosotros invertimos la posición del disparo y empezamos a tirar sobre la artillería que ellos despliegan sobre el terreno, todo esto se desarrolló hasta el 12 de junio en que, en mi caso particular, fui herido de bala”, relató Polo.

Patriotismo

Cuando la persona es notificada sobre su incorporación a un conflicto bélico, los sentimientos que se congregan son diversos y encontrados, aunque el patriotismo, pensamiento que vincula al ser humano con el amor a su patria, lidera. “En el primer momento no se es consciente de la verdadera situación y lo primero que surge es el patriotismo nacional, la defensa del territorio. Una vez en el lugar, la conciencia empieza a ganar espacio”, expresó Miguelena.

Polo habló de su situación, que fue algo distinta: “En mi caso sabía dónde iba y para qué, pero el sentimiento de patriotismo surge, eso se mezcla con la adrenalina que, por momentos, te paraliza y por momentos te da miedo. No hay combatiente de Malvinas que no haya pasado por ese momento; también se genera odio. Nos convertimos en animales de combate, con momentos signados por el miedo y otros por el valor, y también es la pérdida de la conciencia humana, es matar o morir, no existen límites y es tu vida la que debés defender”.

Frustración

En contrapartida con el patriotismo, una vez culminada la guerra, el sentimiento que prevalece es la frustración, el sentir la pérdida y el no poder hacer más por la causa perseguida. “La frustración es lo que produce el trauma”, coinciden.

“Nosotros éramos jóvenes que teníamos sueños y proyectos y nos vimos obligados a pasar por una situación atípica, especial. Y de golpe nos encontramos con una experiencia de vida que se convierte en una mochila, que no se puede compartir ni con la familia, núcleo que nos contuvo y ayudó cuando el país no estaba preparado para hacerlo, para contener a un soldado que viene de la guerra”. Y enseguida citan la historia reciente para graficar lo que significa la incomprensión de quienes no han vivido tan extrema situación o de un Estado que no supo contener a sus soldados: “El ejemplo máximo es el hallazgo de un excombatiente en Uruguay que se dedica a ser linyera. Esto da la pauta que el Estado no sabe dónde están sus excombatientes, que son personas que necesitan atención, que tienen derechos que deben ser cumplidos. A nosotros nos duele ser perfectos desconocidos para el Estado”, dijeron en alusión al soldado identificado en Uruguay tras 30 años de haberlo dado su familia por muerto, mientras que estaba deambulando a causa de su trauma post bélico.

“El espacio de contención que tuvimos fue nuestra familia. Se desencadenaron, por falta de asistencia, 400 suicidios. La falta de contención y el síndrome postraumático son dos factores que influyeron notoriamente en los suicidios. El recuerdo de haber disparado un arma en la guerra, de haber provocado muertes, de haber estado en situación de riesgo de muerte, convive activado en el cerebro. Es por ello que se registran problemas en el descanso”, comentaron los entrevistados.

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