Un hombre que comercializa relojes y alhajas estuvo a punto de ser demorado ayer a la mañana y de perder su mercancía. Pudo evitar ambas acciones a partir de la postura que adoptaron algunos transeúntes que lo defendieron.
Todo comenzó poco después de las 11, cuando empleados de Habilitaciones Comerciales de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia pidieron apoyo de efectivos de la Seccional Primera de Policía para realizar operativos de control entre los vendedores ambulantes que allí montaron sus puestos. Según la versión oficial, algunos carecían del correspondiente permiso municipal para la venta. Incluso uno de ellos -de ascendencia africana- se negó a identificarse y no presentó los papeles por la mercadería que vendía en la vereda.
La policía le insistía para que exhibiera sus documentos o pasaporte, pero él se negaba sistemáticamente. Según los inspectores, el mismo estaba notificado de que no podía ejercer la actividad en ese sector sino en la calle Gil Alvarez, frente a la terminal de ómnibus.
Mientras la discusión subía de tono, el acosado gritaba: “me quieren detener porque soy negro”. La gente que pasaba por el lugar comenzó a detenerse y de a poco se decidió a tomar partido, defendiendo al vendedor.
Las autoridades argumentaban que su intervención no era gratuita, sino que obedecía a que se registraron reiteradas denuncias de los comerciantes frentistas. También dijeron que un poco más temprano le habían informado al hombre que no podía vender en el lugar y que levantara el puesto. Y que como decidió quedarse, debieron llamar a la policía.
SOLIDARIDAD
En ese momento comenzaron los disturbios porque el vendedor logró guardar su mercadería en una valija y trató de esconderla en un local cercano. El forcejeo se produjo en medio de gritos y reproches a la Policía y a los funcionarios municipales.
“En vez de controlar a los automovilistas que estacionan mal o no respetan a los peatones; o de esclarecer los asesinatos, se dedican a perseguir a un tipo que se gana la vida como puede”, coincidían en destacar los solidarios.
Mientras la gente pedía a gritos que lo dejaran tranquilo y resguardaran su integridad física, el protagonista del suceso se negaba a entregar su mercadería y a acompañar a la Policía a la comisaría, por lo que los efectivos decidieron esposarlo.
De inmediato se produjo otro forcejeo y los gritos de los transeúntes se intensificaron. El vendedor de relojes empujó a los policías que lo rodeaban e hizo caer a uno de ellos. “Me quieren detener porque soy negro”, insistía, evocando vaya a saberse qué funestas imágenes de situaciones que le tocó atravesar en su vida. Después se arrojó al suelo y pateó su mercadería en un rapto de ira, en tanto la gente aplaudía, silbaba y gritaba, acentuando la sensación de escándalo.
Conscientes del disturbio que se había generado, los policías optaron por dejar libre al hombre. Trataron de calmarlo y le recomendaron que no volviera a vender en el sector sin la habilitación correspondiente. Eso sí, le labraron un acta por “desobediencia a las normativas municipales”.
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