Chang Sung Kim nació en Corea del Sur y vive en Argentina desde los siete años. La popularidad de un asistente obsecuente.
Dos imágenes podrían resumir la infancia de Chang Sung Kim: una en el pueblito de Corea del Sur que lo vio nacer, donde se andaba en bicicleta y apenas se podía imaginar cómo era un automóvil; la otra en Buenos Aires, la gran ciudad que descubrió junto a su familia con apenas siete años y luego de pasar casi 80 días en alta mar. Un antes y un después que marcaría su destino.
"En mi memoria no recuerdo ese cambio con angustia, pero cuando veo fotos de cuando llegamos acá y las comparo con otras de la última época en Corea, hay como una inmensa tristeza en mi cara, una sonrisa que no parece genuina", asegura el actor que compone al tan obsecuente como querible Walter Mao en Graduados. Hoy, con 52 años, una esposa, tres hijos y un súbito reconocimiento popular, Chang tiene muchos buenos motivos para sonreír y comprender que nuevamente se encuentra en un "momento bisagra" de su vida.
–¿Cómo llega a Graduados?
–Había hecho varias cosas con la productora Underground, y en 2011 compuse a un supermercadista chino muy trucho en Un año para recordar. Se ve que ahí vieron una faceta distinta y me convocaron para este rol. A mí me sorprendió mucho, y fue muy gracioso porque en esa primera reunión de producción con cierta timidez me anunciaron: "El personaje que queremos que hagas es gay." A mí me encantó, porque entendí que iba a tener mucho para aportar con respecto a los personajes que venía interpretando.
–¿Se sentía un poco limitado?
–Sí, eso pasa con la televisión... Generalmente siempre me llamaban para hacer de mafioso o de dueño de un supermercado. No es que me molestara interpretar esos papeles, sino que lo que no me terminaba de resultar atractivo era siempre tener que hablar mal.
–Claro, el cliché…
–¡Con el esfuerzo que hice toda mi vida para no pasar por un extranjero, llega la televisión y me dice: "No, ahora tenés que hablar mal porque el chiste es que no te entiendan!" Por cierto, tampoco me parece ninguna genialidad. Por eso, cuando me dijeron que Walter no sólo hablaba bien sino que utilizaba mucho lunfardo, me entusiasmó aun más.
–¿Cómo fue armar el personaje?
–Los productores me plantearon que querían algo similar al Smithers de Los Simpson, alguien obsecuente al extremo con su jefe. Mi opinión fue que, a diferencia de ese personaje animado, Walter no parecía temerle a Clemente (Juan Leyrado). Si un tipo está dispuesto a matar y morir por otro, no es temor lo que lo mueve sino algo mucho más fuerte: es devoción. Hay un amor ahí, lo quiera reconocer o no Leyrado (risas).
–¿Te cruzaste con muchas personas como Walter en la vida?
–¡Sí! Y mucha gente ahora me dice: "Tengo un Walter en la oficina." Hay muchas personas así, obsecuentes y que siempre están al pie del cañón, en todos lados.
–¿Por qué creés que pegó tanto el personaje entre el público?
–Lo primero que pensé cuando acepté este papel es que en la calle me iban a gritar: "Chino puto." Estaba preparado para eso, pero nada que ver. Nunca juzgué a Walter por su condición sexual ni puse énfasis ahí. Walter es un tipo muy inocente y, sobre todo, muy leal. Y eso gusta, especialmente en una ficción en la que no hay lealtades porque todos esconden o escondieron algo alguna vez.
–¿Cuándo supiste que querías ser actor?
–Empecé de grande, a los 35, jugando. Pero cuando me empezó a gustar dije: "Si la hacemos, la hacemos bien", y me fui a estudiar con Raúl Serrano. Durante muchos años practiqué artes marciales creyendo que me iba a dedicar a eso toda la vida, pero me empezó a hacer ruido eso de no demostrar los sentimientos, de hacer como que no te duelen los golpes. Entonces me pasé a la actuación.
–¿Volviste a Corea alguna vez?
–Hace mucho. Y lo que recordaba de mi infancia casi no existe, porque ha crecido enormemente. Ya no podría vivir allá. En realidad no podría vivir en ningún otro lado, y ahí es donde creo que la identidad es muy importante. Me reconozco argentino, pero mi viejo, por ejemplo, siempre se sintió un extranjero en todos lados y ahora, a los 83 años, lo que está pensando es dónde va a morir. Es horrible. Por suerte, yo sí lo tengo claro. «
memorias de un inmigrante
"Estoy trabajando en el argumento de una película con tintes autobiográficos pero con la idea de que nosotros, los argentinos, nos veamos en el espejo. Me gustaría mostrar cómo sentí y viví este país cuando llegué, que era una cosa maravillosa. Perdimos un poco la referencia de lo que somos, de ese pueblo solidario y amistoso que seguimos siendo", dice Chang sobre uno de los proyectos que más lo entusiasman. El otro es una serie con capítulos de media hora sobre las nuevas migraciones, pero en clave de humor. "La protagonista es una familia coreana instalada en Argentina, con hijos que nacieron acá. Y aparece esta fragmentación entre los jóvenes argentinos y esos padres que quieren mantener sus tradiciones para no perder identidad. La idea es hacer algo con mucho humor, desopilante y políticamente incorrecto", se entusiasma el actor, que asegura ya tener escritos diez episodios.
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