El jueves se recordó al sacerdote Cacho Zaccardi, asesinado en noviembre de 1992. Fue con una misa y una cantata en la parroquia Sagrada Familia, de Villa del Parque. Descubrieron una placa. Asistió el arzobispo Radrizzani y curas que compartieron su obra.
Para recordarlo, el jueves primero se realizó una misa, presidida por el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, y a la que también asistieron sus más cercanos compañeros: Roberto Giecco y Luis Jáuregui, además de los sacerdotes Daniel Guerra y Hugo Caggiano, quienes siguieron a Cacho y a Luis en la parroquia de Villa del Parque.
Caggiano invitó a los presentes a acercarse a la tumba de Zaccardi para descubrir una placa. "Es para tu hijo Cacho, sacerdote, que trabajó asiduamente en la propagación de tu evangelio", dijo Radrizzani.
En la placa, sobre un lateral de la tumba de Cacho, se lee: "Gracia, paz y alegría. La comunidad de la parroquia Sagrada Familia a quien fue su primer pastor. A los 20 años de su partida. 15 de noviembre de 2012". La primera frase era su lema sacerdotal.
Descubrieron esa placa Mayorina Muñeca Borghatello de Lynn, vecina que donó los terrenos para la parroquia y acompaña la tarea diaria de la parroquia desde el día en que se iniciaron los cimientos; Nené Zaccardi, hermana de Cacho; el arzobispo Radrizzani y el cura Roberto Giecco, compañero de Cacho durante toda su vida.
"Nosotros somos testigos de este momento. De los 20 años de un recuerdo que no se borra y que queda indeleble en nuestra alma y nuestro corazón, para ser como él, fieles hasta el fin", expresó Radrizzani.
Seguidamente, los presentes escucharon una zamba que escribió y cantó en homenaje a Cacho el vecino Roberto Martínez Quiroga. "Cuando agobiados masticábamos dolor, el pan de tu palabra colmaba nuestra mesa", dice una de las estrofas.
Antes de dar inicio a una cantata para Zaccardi, desde el altar de la Sagrada Familia se leyó lo siguiente, escrito por los feligreses de esa parroquia: "Fue servidor de Jesús. Servidor de su pueblo. Muchas veces la intolerancia de los poderosos lo cercó de muerte. Muchas veces en su misma Iglesia se sintió un Quijote y recibió muestras de incomprensión, que pasaron desde marginarlo hasta tildarlo de las más absurdas inspiraciones ideológicas, como si no fuera el evangelio de Jesús su fuente inspiradora. Esos cuadros se volvieron a mostrar sin pudor ante su muerte. Asesinado en la más absoluta soledad. Muerto a golpes. A acusaciones, a mentiras y calumnias. A silencios. A discípulos de sal. Y que una vez muerto dejaron disolver sus ideales. Pero de cada golpe resucitó en cada flor de su gente. En cada recuerdo lleno de afecto. En cada anécdota que lo recuerda. En cada palabra verdadera que quedó grabada y que podemos recordar en sus obras y en la gente, que aún, casi sin esperanza, sigue pidiendo por la Justicia".
Por último, se compartió la "Cantata al Padre Cacho", con letra de Quino Luna y música de Mario Tierno.
"Los pueblos son agradecidos"
EL CIVISMO dialogó con el cura Luis Jáuregui, quien asistió a la misa y la cantata en recuerdo de Zaccardi.
- ¿Qué reflexión le generan los 20 años del fallecimiento de Cacho?
- Del asesinato de Cacho. Siempre soy exigente en ese aspecto, en el término. Se cumplen 20 años de su asesinato.
- Con Cacho compartió años de tarea parroquial, pero seguramente también compartió el modo de entender la misión de la Iglesia.
- Sí, la verdad que sí. Uno en definitiva llegó al Sagrado Corazón donde estaba él y aprendí un montón de cosas. Él encarnaba una manera de vivir el sacerdocio y de crear comunidad que uno la tenía aceptada desde lo teórico, pero no vivida. Verlo vivir a él y seguir su testimonio, fue muy importante.
- ¿Cómo se transita el recuerdo?
- Hay cosas que a mí no se me pasan. Siempre digo que el 15 de noviembre fue un día de mucho dolor, aunque la gente que vive como Cacho está expuesta a eso; a que le pase esto por venir detrás de Jesús. Lo más duro y lo que más bronca me da es del 16 de noviembre para adelante. El silencio cómplice o peor aún, las calumnias cómplices. Siempre cuento que cuando fui a Buenos Aires a declarar, terminé defendiendo más a Cacho que ayudando a investigar. Son esos años de la historia argentina donde las muertes eran misteriosas. No se investigaba y había como un acuerdo de los distintos poderes para no hacer nada. Y la víctima era la culpable. Con Cacho pasó eso. Eso a mí me da mucha bronca.
- Quienes apenas conocen el tema, son incrédulos cuando se les dice que no se supo nada sobre los responsables del asesinato.
- Tal cual. Lo terrible es que no se quiso que hubiese indicios. No ocurrió que se investigó a fondo y no se encontró nada. Directamente no se quiso investigar. Nunca hubo investigación. Eso da mucha bronca, más porque sabemos que quien estaba por entonces al frente de la Diócesis fue quien más hizo, hasta lo imposible, para que no se investigara. Tenía el poder suficiente para hacerlo, como lo hubiera tenido también para que se investigue. Eso uno lo conserva. Pero también venir acá, a Villa del Parque, es muy fuerte. Uno se encuentra con Cacho no tanto en la tumba como en las obras, en la gente. Es bárbaro ver a Muñeca y a tantos que le siguen pegando para adelante con el espíritu de él.
- Se ve el crecimiento de esta comunidad, hasta en aspectos que no se pensaban prioritarios, como puede ser lo edilicio.
- Sí, tal cual. No era prioritario pero se creció.
- ¿Reconforta una ceremonia como la de hoy?
- Sí, porque los pueblos son agradecidos y a su medida son justos. Siempre, lo importante termina siendo la gente. Aunque parezca una frase y un consuelo barato, es una verdad: siempre lo más importante son las reacciones de la gente, del pueblo. Como decía Zitarrosa, nada con menos apuro que un pueblo haciendo su historia. A veces lento, a veces pareciendo que no hay nada. Pero estas cosas como las de hoy nos dan otras señales.
- ¿Desde lo personal, al recordar a Cacho, qué es lo primero que le surge?
- Millones de recuerdos. Montones. Ocurre que en el día me pasa algo y él me lo había enseñado. Entonces pienso, cuánta razón tenía. Lo que más tengo, más a medida que pasa el tiempo, es una gratitud muy grande. Cuando uno se siente en si mismo insatisfecho y ve con insatisfacción el caminar de la Iglesia, valora a Cacho cada vez más y agradece haber estado al lado de semejante tipo.
Sin justicia
La causa por el asesinato de Zaccardi fue archivada el 15 de noviembre 1993, es decir, apenas un año después de ocurrido el hecho.
En 2006, el fiscal Manuel Sansone, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal de Instrucción Nº 10, informó al Concejo Deliberante local sobre el estado de las actuaciones judiciales por el crimen.
"No se advierte al momento la posibilidad de instar la producción de nuevas diligencias procesales, no sólo porque no se dejaron resquicios sin tratar sino porque el tiempo transcurrido pone un obstáculo insalvable para ello, sin perjuicio de lo cual, permanece pendiente la orden de individualización y captura de los autores del evento" sintetizó el letrado.
Para archivar la causa, la Justicia creyó suficiente unas sesenta declaraciones testimoniales tomadas a parientes, clérigos, vecinos y demás personas vinculadas con Zaccardi y con el Movimiento por un Mundo Mejor; además de 13 pericias técnicas e "innumerables tareas de inteligencia de personal de la Policía Federal Argentina".

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