Siguen los trabajos de rescate. Y el número de muertos ya se acerca a 300.
Los socorristas seguían excavando ayer entre los escombros para intentar salvar a las personas atrapadas en Van, la ciudad turca más dañada el domingo por un terremoto de 7,2 grados de la escala de Richter. El sismo afectó a todo el Este del país y causó hasta ahora 264 muertos y miles heridos , según el ministro del Interior turco, Idris Naim Sahin. Pero se estima que las víctimas fatales podrían llegar a ser 1.000.
El recuento de víctimas oficial aún es bajo, pero se sabe que numerosos pueblos en las cercanías de Van están totalmente destruidos, de modo que el número está destinado a crecer.
Van albergaba además un gran número de refugiados procedentes de Irán y Afganistán , muchos de ellos residentes clandestinos, que escaparon de la realidad de sus propios países.
Ayer, en la avenida Maras Caddesi, las ambulancias intentaban abrirse paso entre el tránsito, hasta llegar frente a un edificio totalmente derrumbado y reducido a un cúmulo de escombros.
“Eran seis pisos más una terraza”, precisó un hombre presente en el lugar. De allí, horas antes, recuerda, fueron extraídas vivas al menos cinco personas.
En el lugar trabajan tres grúas, una excavadora y dos camiones. Sobre el montón de escombros opera media docena de hombres en pantalones y camisetas naranja fosforescente, pero también hay gente de civil que excava con las manos.
En la periferia de Van, una cancha de fútbol se llenó con tiendas de campaña de la Medialuna Roja . El ejército en tanto trabaja en Ercis, la otra ciudad oriental más afectada por el sismo. En toda la zona ya está trabajando Caritas Italia, a través de Caritas Turquía, para auxiliar a las poblaciones.
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