Para el ex combatiente de Vietnam, Daniel Francis Akerson la lucha en defensa de la patria continúa. Hace dos años, fue convocado por el gobierno de Estados Unidos para una nueva batalla: la recuperación de General Motors.
Faltó poco para que GM aceptara vender Opel en 2009 a un grupo liderado por Magna, fabricante de componentes de autos canadiense. Dan Akerson, como se lo conoce en Detroit, se opuso a esa operación.
La idea de vender la operación europea surgió por la presión del gobierno alemán. La primera ministra, Angela Merkel, buscaba una rápida solución para preservar los empleos porque GM estaba cerca de la quiebra. El presidente de la automotriz en esa época también defendía la venta. Frederick Henderson, que también pasó por el comando de la subsidiaria brasileña, parecía tener prisa para deshacer la operación de la compañía con sede en Alemania.
Akerson intentaba advertir a los demás dirigentes de la compañía que la pérdida de patentes y de un importante centro de desarrollo de productos en Alemania debilitaría fatalmente la posición de General Motors en Europa. Además, el consorcio liderado por Magna tenía como socio a Sberbank Rossii, un banco ruso.
Entregar el conocimiento de una empresa que produce automóviles desde 1899 a los rusos asustaba a mucha gente de la compañía. Sería una locura que GM vendiera Opel, dijo Jaime Ardilla, presidente de GM en América del Sur. Fundada por el alemán Adam Opel en 1862, la automotriz era una subsidiaria de GM desde 1931.
GM dio marcha atrás con la venta cuando el negocio estaba prácticamente concluido. Henderson dejó la empresa. Akerson habla con orgullo de aquella victoria. El proceso de recuperación de la subsidiaria de GM en Europa, que atravesó un achicamiento y un cambio de comando, fue rápido. Pasamos de un perjuicio de u$s 1.000 millones en 2010 a un equilibrio en 2011, destacó el ejecutivo.
Ahora, el nuevo enemigo es la crisis en la economía europea. Akerson sabe que precisará mucha munición para negociar nuevamente con el gobierno alemán y, principalmente, con IG Metall, el poderoso sindicato de metalúrgicos de Alemania. En los últimos años, los productos de la división europea de GM sirvieron como base de inspiración de la línea fabricada en Brasil, que también abastece a otros países de América del Sur.
Pero recientemente, la influencia europea en los lanzamientos brasileños se redujo. Los proyectos para la región no dependen ahora de las plataformas diseñadas en Alemania. El modelo Sonic, por ejemplo, un auto compacto que se lanzó en Estados Unidos y que comenzará a fabricarse en México, con planes de venta también en Brasil, es un proyecto creado en Corea. Akerson rechaza que ese cambio sea un reflejo del debilitamiento de la influencia de la división europea en el desarrollo de productos. Se trata de un efecto de la estrategia mundial, señaló.
La participación del mercado de Estados Unidos en las ventas globales de la compañía no supera hoy el 35%. Tal vez por eso, China y Brasil fueron elegidos como tema en la reunión del consejo de la compañía la semana pasada.

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