La generación de incertidumbres es mayor que la generación de oportunidades

Por Fernando Alonso

La información pública y los análisis privados van coincidiendo en que la economía argentina dejó atrás el proceso de recesión que dominó el 2009 y está alcanzando los niveles de producción y consumo del pico de actividad en el tercer trimestre de 2008.

Y la discusión de fortalezas y debilidades, internas y externas, del modelo económico se retrotraen entonces dos años, aceptando que nada varió en este período que implique un cambio sustantivo en la política económica local: inflación, inversión, balanza comercial, solvencia fiscal, recuperarán ahora la tendencia que tenían antes del impacto de la crisis económica mundial.

Se puede diferenciar para analizar los próximos meses de la economía local entre el comportamiento que tendrán variables controladas por el Gobierno y las que pese a los intentos se le escapan de la mano o no responden a sus incentivos.

En el primer caso, se ha producido un deterioro de la fortaleza fiscal (que es incluso previa a la crisis) por la desvalorización –se puede discutir si práctica, por una necesidad de impulsar el gasto, o conceptual– del superávit fiscal que forzó la utilización de las reservas disponibles en el Banco Central, generando una señal de alerta aún mayor.

Por el lado de las variables no controladas, la inflación recuperó el ritmo creciente después de tomar un respiro por la recesión, que ya no se logra estabilizar con el ancla cambiaria generando un proceso de apreciación del peso que induce a mayores importaciones, poniendo en dudas el flujo de dólares necesarios para mantener la calma de los ahorristas y afectando el nivel de actividad interno, que no logra expandir su frontera productiva por las incertidumbres políticas y económicas que desalientan el proceso de inversión pese a la sucesión de lanzamientos de créditos ventajosos.

Con la actividad industrial cerca de su techo potencial de protección y sin un proceso de inversión y una demanda interna cebada desde el Estado, se salida es inflacionaria o cubriendo las demandas con más importaciones.

El saldo comercial se mantiene en torno de los u$s 12.000 millones para este año, que están en el límite de las necesidades de dólares para cubrir una fuga que se mantiene en u$s 1.000 millones mensuales más u$s 5.000 millones para necesidades financieras mientras fracasa el plan del ministro Amado Boudou para regresar a los mercados internacionales a colocar deuda que cubran con dólares financieros lo que va faltando de dólares comerciales.

La necesidad de garantizar esos dólares lleva al Gobierno a cometer errores en la política comercial, que pueden provocar el fracaso de legítimas medidas de defensa similares a las que aplican los países desarrollados para la protección de sus mercados internos

La Argentina no tiene más protección que el resto, hace lo mismo que los países mas efectivos en la defensa del mercado interno, pero mientras el mundo protege en silencio la administración de Cristina Fernández declama lo que hace y comete el error de exponerse.

Este error tiene dos aristas:

Si las medidas se origina en preocupaciones por caída del superávit comercial, para evitar problemas de reservas del BCRA, es un error: las medidas generan más preocupación en los mercados y generan demanda adicional de dólares mientras son poco efectivas en términos de volumen de comercio.

Si son para proteger a sectores industriales mano de obra intensivos al hacerse tan explícitas generan presiones de países como China (tomó represalias con el aceite de soja), de Brasil, y de la Unión Europea que hoy llevará su planteo a la Organización Mundial de Comercio. A la vez se genera expectativas que pueden alimentar las subas de precios por limitaciones a las importaciones.

Toda esa protección no alcanza a inducir inversiones, en empresarios que no terminan de comprender la lógica kirchnerista y dan mayor valor a las incertidumbres económicas que genera esa falta de voluntad oficial por explicar hacia dónde va.

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