Unos 145 mil pesos anuales cuesta lavar las pintadas de las estatuas y arreglarlas cuando son víctimas del vandalismo. Y la empresa Sarmiento desembolsa 240 mil por año sólo para cambiar los vidrios de los refugios peatonales del centro. Preocupa el robo de instalaciones de alumbrado público.
En agosto de 2011, el municipio inauguró con pompa una estatua de Carlos Gardel. El Zorzal Criollo aparecía cómodamente sentado en un banco de la Diagonal Pueyrredon, entre La Rioja e Yrigoyen. Ideal para arrellanarse a su lado y sacarse una foto. Pero la mañana siguiente la comenzó sin un dedo, y a los veinte días el emblema del tango parecía pedir clemencia cuando fue descubierto con huellas de maltrato cerca de la Municipalidad.
En cuanto certificaron que lo habían arrancado de su sitio, las autoridades comunales decidieron no volver a colocarlo. Ahora está en la biblioteca Leopoldo Marechal a la espera de que le asignen un lugar definitivo. Por suerte, un busto recuerda al Morocho del Abasto en la plazoleta que lleva su nombre, en la Diagonal Pueyrredon e Independencia.
El lobo marino de piedra y Gardel fueron víctimas del mismo enemigo: el vandalismo, que según cálculos del municipio genera un gasto de 145 mil pesos mensuales para arreglar o quitar las marcas de las inscripciones en los monumentos.
El monumento a San Martín de Luro y Mitre es el más afectado por los fanáticos del deterioro sin sentido. La razón está más que clara: ese punto de la ciudad es el elegido para los festejos deportivos y para muchas manifestaciones.
No es el único homenaje al Libertador que sufre ataques cotidianos. A la estatua del parque San Martín le robaron más de una vez la espada y los reflectores que la iluminan por las noches.
En la lista de más elegidos por los vándalos también figuran el Quijote de la plaza España, el monumento a Bartolomé Mitre de la plaza homónima, el de Almirante Brown en la plazoleta del mismo nombre y el de Sarmiento en la plaza Rocha.
"Además, hay que sumarles la mayoría de los monumentos ubicados en el sector costero, desde la Base Naval a la avenida Constitución", asegura a LA CAPITAL José Luis Ovcak, director ejecutivo del Ente de Obras y Servicios Urbanos del municipio (Enosur).
A veces, los que rompen ganan. Este año, las autoridades comunales decidieron cambiar de lugar el Monumento de la Poetisas Latinoamericanas. Es que los bustos de Gabriela Mistral, Juana de Ibarbourou y Alfonsina Storni eran blanco permanente de ataques cuando estaban en la plaza San Martín. Era tan común verlas accidentadas, que el día que empezó a sacarlas de allí para trasladarlas al Museo Mitre el municipio debió aclarar que la desaparición no obedecía a un acto de vandalismo.
Aunque son la muestra cabal del desinterés por lo público, los monumentos comparten adversario con los bancos, los cestos de residuos, los muretes de la costa, los juegos infantiles de las plazas, las garitas de colectivos y las señales de calles y tránsito.
"Hemos puesto señalización para reemplazar viejas señales de estacionamiento medido y están todas pintadas. Esto nos obliga a hacer un esfuerzo adicional para recuperar cosas nuevas", explica Ovcak. Y menciona que un 4 por ciento de las señales deben ser reemplazadas cada año por roturas.
De acuerdo con la información municipal, la empresa Sarmiento, encargada de reparar las garitas del centro, cambia 60 vidrios mensuales, para lo que debe desembolsar unos 20 mil pesos por mes, 240 mil anuales.
En 2005, en la previa de la IV Cumbre de las Américas, el gobierno de Daniel Katz buscó engalanar la ciudad para que los periodistas extranjeros contaran sus bellezas. Entre otras cosas, instaló cestos de residuos nuevos en la zona costera. Siete años después, casi todos están deteriorados. "Deben quedar diez", estima Ovcak.
El municipio está reemplazando esos cestos de fibra con otros de acero. En los últimos dos años fueron colocados 270 en distintos puntos de la ciudad. También instalaron 320 bancos. Los de madera son los más vulnerables a los rayones con objetos cortantes y las pintadas con grafitis, por lo que deben ser lijados y vueltos a pintar con asiduidad.
De hecho, la comuna dispone de una cuadrilla de ocho hombres dedicada con exclusividad a la limpieza, pintura y reposición de bancos y cestos. Todos los días tiene algo que arreglar, y unas tres veces por año se aboca a borrar todos los grafitis de la costa.
Allí también son víctimas las farolas y las escalinatas. Los muretes, en cambio, no son afectados por los vándalos sino por los accidentes. Y las flores, por los robos: se llevan plantines enteros de distintos puntos de la ciudad.
A decir verdad, en el listado de objetos robados el primer puesto, por mucho, lo ostentan las instalaciones del alumbrado público.
En los últimos años, varios de los ataques han tenido repercusión política. Durante los primeros días de abril de 2010, el monumento al ex presidente radical Hipólito Yrigoyen ubicado en la calle homónima y Rivadavia fue víctima de pintadas y roturas. El hecho no pasó inadvertido para la conducción de la UCR local, que repudió "esta forma de actuar, cobarde y autoritaria, que refleja el nivel de violencia que tienen algunos sectores de nuestra sociedad".
A fines de marzo de 2011, el Centro de ex Combatientes de Malvinas denunció que la policía no brindaba debidamente el servicio de vigilancia en el Monumento a los Caídos, ubicado en Diagonal Alberdi y Córdoba. "Es una constante la poca seriedad con que se hace la custodia del monumento. En reiteradas oportunidades se comprobó que no había policía o que estaban durmiendo en la garita que construimos para que los policías estén protegidos de las inclemencias climáticas", se quejó Miguel Ressia, vicepresidente del Centro. Pero en junio del mismo año robaron la bandera del mástil.
Hace dos meses quemaron cubiertas y destruyeron las placas que recuerdan a las víctimas del terrorismo de Estado y señalizan la Base Naval como centro clandestino de detención durante la última dictadura. El repudio fue generalizado: desde la filial local de las Abuelas de Plaza de Mayo y la Comisión de Apoyo a los Juicios por Delitos de Lesa Humanidad hasta el Concejo Deliberante se manifestaron contra el atentado.
Entre las consignas políticas, la violencia y las leyendas juveniles
"Viva Rosas", grita una consigna escrita con grandes letras negras en el monumento a Sarmiento, en la plaza Rocha. Y una cara del Che Guevara está pintada en la base del monumento a Bartolomé Mitre, en la plaza homónima. Es una muestra de que la política se escabulle por todos lados.
En las estatuas de Mar del Plata no sólo afloran disputas históricas. En la que homenajea a San Martín en avenida Luro y Mitre, por ejemplo, la semana pasada todavía se podía ver una leyenda de letras rojas en alusión al reciente conflicto portuario: "Basta de trabajo en negro y despido. Multisectorial del puerto".
En la plaza España, en cambio, el busto de Miguel de Cervantes y las estatuas de sus personajes más famosos, Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, están rodeados de inscripciones adolescentes. Hay nombres, dibujos y anuncios de relaciones adornadas con corazones escritos en todos los colores imaginables. También hay insultos. Muchos.
En marzo de 2010, el concejal radical Nicolás Maiorano pidió a través de un proyecto que el Ejecutivo tomara medidas para proteger los monumentos de la plaza España. "Los destruyen sin sentido", criticó.
En octubre del mismo año, el también radical Maximiliano Abad cuestionó el abandono en que se encontraba el monumento a Azucena Villaflor, una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo, ubicado en la Plazoleta de los Derechos Humanos, en Diagonal Pueyrredón y Belgrano. "Es necesario que inmediatamente el Ejecutivo Municipal tome las medidas adecuadas para limpiar, poner en valor y, sobre todo, evitar que vuelvan a repetirse actos vandálicos", pedía el edil.



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