Gasoductos en la fría espera

Pese a las promesas y propagandas oficiales, la mitad de los cordobeses sigue sin tener gas natural. Se publicitan gasoductos que en realidad sólo son un caño troncal enterrado junto a una ruta.
Hace pocas semanas un informe de este diario reveló que una de las obras más publicitadas por la administración provincial del ex gobernador Juan Schiaretti, el gasoducto de las Sierras Chicas, en realidad estaba paralizado y sin fecha conocida de reactivación.

Sus obras estaban abandonadas, tragadas por la maleza, y los municipios involucrados seguían pagando mensualmente a una misteriosa consultora privada vinculada a un alto funcionario del área de Obras Públicas.

Ahora, para tristeza de los cordobeses de distintas regiones, que creían que la llegada del gas natural a sus hogares sería una noticia cercana, el panorama provincial se muestra complicado.

En toda la provincia sólo la mitad de la población puede acceder a los beneficios de las instalaciones de gas natural. La mayoría está concentrada en los principales nucleamientos urbanos.

El resto, debe utilizar sustitutos como garrafas de gas envasado, carbón, leña o energía eléctrica

Los nuevos gasoductos que deben comenzar a construirse y que desde hace décadas son esperados por centenares de pueblos están demorados y con problemas de financiamiento.

Al mismo tiempo, los gasoductos iniciados y que fueron entregados y publicitados como obras terminadas, todavía no proporcionan gas natural ni siquiera a una sola familia de las regiones que atraviesan. Y otros gasoductos, terminados y entregados hace años, siguen siendo subutilizados, ya que nunca se terminaron de construir las redes para acercar el gas natural a los porcentajes más amplios de la población que iban a beneficiar.

En todos los casos, las obras, terminadas o no, ya insumieron cientos de millones de pesos del bolsillo de la Provincia.

Red, garrafa, leña y carbón. Aunque cueste admitirlo, a esta altura del siglo 21 todavía siguen existiendo cordobeses que dependen de la leña y el carbón para cocinar sus alimentos.

Solamente la mitad de la población, concentrada en los principales núcleos urbanos, vive en hogares con la comodidad del gas natural.

La otra mitad tiene que seguir pagando el oneroso gas envasado y reemplazando garrafas mientras espera que se cumplan los anuncios de la expansión de las redes de gas natural.

En el valle de Traslasierra, el gasoducto que une Las Tapias con Mina Clavero, que costó 44 millones de pesos y fue oficialmente entregado por el gobernador Schiaretti el 15 de julio del año pasado, todavía no proporciona gas natural ni siquiera a una vivienda de esa región.

El intendente de Mina Clavero, Julio Bañuelos, manifestó a La Voz del Interior que el caño troncal enterrado junto a la ruta 14 ya está listo, pero que falta que los municipios avancen con la construcción de las plantas reductoras de presión, que son en definitiva las que posibilitarán derivar el gas hacia los domicilios.

“Tenemos algunos trámites demorados con Ecogas, porque los planos se vencen cada seis meses. Es una cuestión burocrática, pero se espera tener a mitad de año las plantas reductoras. Yo creo que eso ocurrirá más o menos en septiembre”, remarcó el intendente.

La administración del gobernador José Manuel de la Sota anunció la semana pasada que en los próximos días inaugurará el gasoducto de Traslasierra. Los dirigentes de la zona consultados dijeron no saber en qué consistirá una inauguración que no le llevará gas a nadie todavía.

En el gasoducto de la ruta 8, en el sudeste provincial, la situación es similar. Desde 1993 que los jefes municipales de la zona se vienen reuniendo para poder contar con una energía indispensable para el crecimiento de su industria, vinculada a la agricultura.

El intendente de Benjamín Gould, Juan Aseguinolaza, actual presidente del ente intermunicipal para la construcción del gasoducto, señaló a este diario que todavía falta enterrar siete kilómetros del caño principal. Eso, pese a que las obras del gasoducto aparecieron el año pasado en una publicidad oficial de emprendimientos ya realizados por la administración provincial.

“La obra –relató el intendente Aseguinolaza– tiene un 82 por ciento de avance. Llevamos invertidos 31 millones de pesos, pero todavía nos faltan siete millones más, que deben ser puestos una parte por la Nación y otra por la Provincia”.

En tal sentido, puntualizó: “Hay dos estaciones reductoras hechas, pero nos falta construir cuatro más”.

Asimismo, estimó que, si tuvieran la plata, podrían soñar con concluir la obra este año y no cumplir en 2013 los 20 años esperando el gas natural.

“Pero hay que aclarar que todavía no tenemos nada del tendido interno hecho en los seis pueblos que integramos el ente. Viajamos a todos lados para ver si están los fondos para terminar la obra, pero nos dicen que plata no hay nada”, se sinceró.

Es para destacar que en el gasoducto de ruta 8 también se desempeña la consultora privada Newen, que cobra sumas fijas por el paralizado gasoducto de Sierras Chicas.

Newen está vinculada al ex secretario de Planeamiento y Desarrollo Energético de la Provincia, el ingeniero mendocino Roberto Martín, quien primero firmó como gerente de la empresa con los intendentes de Sierras Chicas y luego pasó a trabajar en la misma área pero desde el Estado.

“Pero nosotros ya recuperamos todo el dinero que le pagamos a Newen”, aclaró el intendente de Benjamín Gould.

En la ruta 7, otra zona del sudeste provincial que lleva largos años soñando con poder encender las hornallas sin depender de garrafas de gas envasado, tampoco se conocen novedades.

En la oficina de Obras Públicas de la ciudad de Laboulaye, el centro urbano más importante que tocará la obra, nadie tiene alguna noticia cierta sobre el futuro del gasoducto.

Negocios y silencios. Esta acumulación de promesas incumplidas, que determina un aspecto del atraso económico y social de amplias regiones provinciales, se suma a las denuncias que han comenzado a escucharse sobre el modo en que vienen manejándose las obras de construcción de gasoductos.

Como viene ocurriendo hace tiempo, ningún responsable de esta área del Gobierno provincial respondió a los pedidos de entrevista de este medio.

Ni el ministro de Energía, Manuel Calvo (un joven funcionario al que casi no se le conoce la voz), ni el secretario de Desarrollo Energético, Miguel Majul (un ex funcionario de Epec, delfín de la pareja del gobernador, Adriana Nazario, para ocupar el Ministerio de Infraestructura que hoy dirige Hugo Testa), ni el director general de Infraestructura y Combustibles, Ricardo Ottogalli (funcionario del área desde las primeras administraciones del gobierno de José Manuel de la Sota), accedieron a dar sus puntos de vista sobre la difícil situación en que se encuentran las obras de los tendidos de gas.

A partir de que este diario dio a conocer la existencia de la consultora Newen, del ex funcionario provincial, diversos contratistas de obras de gas han venido intercambiando pareceres sobre cómo enfrentar el supuesto “club de amigos” de la obra pública de gas, que dicen existe en Córdoba.

Otro miembro de una de las más importantes empresas del área, que actualmente espera la resolución por un gasoducto en el que pretende participar y que pidió reserva de su nombre, sostuvo que “la obra pública de gas en Córdoba, en los últimos años, estuvo digitada por lo que hacía Newen. Y nada de eso se ha habilitado todavía”.

Algunas de las empresas que vienen ganando las licitaciones, al mismo tiempo tienen directivos vinculados con la brasileña Andrade Gutiérrez, Iecsa y Britos SA, integrantes de la UTE que ganó la licitación para construir cinco gigantescos gasoductos por unos 1.400 millones de pesos, según la última actualización.

Una de esas mismas empresas se vio involucrada en el proceso judicial que tuvo en el centro de la escena al ex secretario de Transporte de la Nación, y ex funcionario cordobés, Ricardo Jaime, involucrado en varios expedientes judiciales en los que se investigan supuestos hechos de corrupción.

Por ahora, ninguno de los empresarios que denuncian estas relaciones en charlas con periodistas y legisladores se anima a dar la cara. Y difícilmente lo hagan, ya que temen no ganar nunca más una obra pública si revelan los entretelones de un negocio que conocen bien. Por ahora, desde su condición de perdedores.

Como en los viejos tiempos

Estamos en el siglo 21, pero pese a los avances tecnológicos y la mejora de la calidad de vida para una parte importante de la sociedad, muchísima gente depende de la leña y el carbón para cocinar sus alimentos.

Otros acuden al gas envasado en garrafas para suplir al inexistente gas natural que, desde hace décadas, es un sueño de cumplimiento imposible.

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