Huracán le ganó a Boca de Río Gallegos con un gol de Nicolás López en el primer tiempo. El Globo volvió a la victoria derrotando al líder de la Subzona Patagónica Sur. Costó, pero ganó otra vez para despegarse del último lugar del grupo.
Después de la victoria en la primera fecha, en el clásico ante Jorge Newbery (1-0), Huracán no pudo ganar en su ámbito. Empates y derrotas le otorgaron un gris oscuro a la campaña de esta temporada.
Apenas aquella victoria en Rawson (3-2) mitigó en parte, el andar desvariado de un equipo que no concuerda con el equilibrio, que busca y no encuentra, que intenta y no acierta.
Por esos motivos enunciados es que se hacía ineludible salir de la cancha con los brazos en alto. No cabía otra imagen que la del éxito. Otro panorama en el cierre del juego, hubiera planteado interrogantes profundos sobre el rumbo del equipo.
Pero se ganó y eso es cuantioso para un equipo que por ahora, junta monedas para pagar lo que quiere al final del campeonato, nada menos que una de las dos plazas que clasifican a la siguiente etapa.
Es valioso el triunfo por el importe que adquiere una victoria ante un líder. Ganarle a uno de que está en la cima agrega créditos, suma una solvencia que tal vez no se ve, pero que ayuda a tratar de encontrarla.
Se sabe, buscar el rendimiento que se acerque a la optimización es más conducente cuando respaldan los buenos resultados. Huracán ganó y se acomodó bajo el brazo una chapa que enuncia lo siguiente: “le gané al puntero, le saqué un invicto de ocho partidos (6 victorias y 2 empates) y voy por más”.
Ayer, Huracán empezó bien, dispuso de una chance clarita antes de los dos minutos con una definición de Gonzalo Mazzia que Jorge Olguín despejó sobre la línea con Cristian Moyano ya vencido.
Otro remate de Mazzia que se fue apenas arriba, denunciaba la ambición de Huracán para tratar de gritar la apertura del marcador. Pero como no encontró el festejo, el rendimiento encaró una línea descendente que lo igualó a las escasas ganas de Boca de arrimarse hasta los tres palos de enfrente.
Todo transitaba una meseta rústica hasta que apareció una flor en el lodazal. Nicolás López encaró por calle central en tres cuartos de cancha, abrió a la derecha para Gonzalo Mazzia, quien dominó, hizo el tiempo necesario para Del Río busque posición en el área, mientras el propio López se ubicaba en el segundo vértice del área chica. Mazzia hundió el botín derecho en el pasto y le dio forma a un centro tan alto como preciso. Nico López la vio venir, acomodó el cuerpo para entrarle de volea y se llenó el empeine zurdo con un remate que sacudió la red corta del vertical izquierdo de Moyano. Tremendo gol para romper el cero.
Después, en el complemento, quedó la sensación que al Globo lo sacudieron un poco los fantasmas de los últimos partidos de local. Consciente de la necesidad, empezó a recular, a poner la espalda cada vez más cerca de su área y terminó invitando a Boca a que haga lo suyo, como para aplicar contragolpes que no pudieron ser bien definidos.
Y Boca hizo lo propio, arrebató el tablero y en el desorden, metió un par de llegadas que le dieron un poco de calor a Gastón Molina y nerviosismo a la hinchada del Globo.
Pero fueron manotazos de ahogado, insuficientes para modificar el 1-0 tan exiguo como importante. Tan insulso como significativo. Tan necesitado como el aire mismo.
Comentá la nota