El futuro del ajuste europeo se juega hoy en las urnas francesas

El giro ultraderechista en el discurso del presidente no fue bien visto por sectores que eligieron a Le Pen en primera ronda. Se terminarían diez años de neoliberalismo y con el eje París-Berlín, de recortes y austeridad permanentes.

La brecha se achicó en estas dos últimas semanas, pero la tendencia no cambió. A horas de la apertura de las urnas, todo indica que después de diez años el socialismo podría volver a gobernar Francia. A pesar de sus esfuerzos por intentar contener el triunfalismo de sus militantes y de parte de su propio equipo de campaña, el candidato François Hollande llega confiado al ballottage de hoy. Todos los sondeos lo dan ganador; el último con una pequeña ventaja de 52 a 48 por ciento. Desde la primera vuelta electoral, el 22 de abril pasado, acumuló el apoyo enfático de sus dos rivales de izquierda y el apoyo “a título personal” del candidato de centro y antiguo aliado de la derecha, François Bayrou. La gran amenaza sigue siendo el 18% que votó a la extrema derecha, liderada por Marine Le Pen. A pesar de que nadie sabe a ciencia cierta qué harán hoy, Le Pen declaró públicamente que votará en blanco y defenestró como oportunista al candidato a la reelección en su último discurso. El ballottage movilizó a miles de personas en las calles y forzó una polarización que no era tan evidente ni tan violenta hace apenas unas semanas. Claramente no fue producto de la estrategia de Hollande, quien mantuvo casi intacto su discurso moderado, identificado con la izquierda pero con aspiración de unidad nacional.

El que forzó la polarización, por el contrario, fue Sarkozy. Apareció exagerado, rabioso y por momentos caricaturesco. Desde el minuto después de que se conocieron los resultados de la primera vuelta, el actual presidente giró bruscamente a la derecha y se aprendió de memoria el libreto que le consiguió a Marine Le Pen el tercer puesto hace dos domingos: la amenaza de la inmigración, fronteras más seguras, defensa de la identidad y la “civilización” francesa. Pero como suele pasar con los imitadores –especialmente con los malos imitadores–, pocos se lo creyeron y muchos electores de la extrema derecha se irritaron por lo que consideraron una manipulación.

Lo que definirá la elección hoy es, primero, si los electores franceses seguirán las consignas de los candidatos de la primera vuelta. Segundo, el derrotismo que impregna los medios más cercanos al gobierno podrían movilizar a muchas personas que no votaron en la primera vuelta –alrededor de un 20% del padrón– y que no quieren que el socialismo y sus promesas de aumentar los impuestos “a los que más tienen” lleguen al poder. Nada está decidido aún y por eso Europa sigue con mucha atención lo que sucederá hoy. De ganar el socialismo francés, países como Grecia, España e Italia podrían ganar una voz más amable en las negociaciones con la troika, mientras que la Alemania de Angela Merkel perdería a su socio en la cruzada por una Unión Europea austera, sin déficit y rehén de las directivas económicas del eje Berlín-París y sus aliados del FMI.

En Francia, en tanto, este ballottage ya tiene un tinte histórico, como el de aquel 10 de mayo de 1981, cuando François Mitterrand se convirtió en el primer y único presidente socialista de la Quinta República. Las imágenes del veterano dirigente levantando una rosa roja y de una Plaza de la Bastilla rebosante de gente aún están presentes en la mente de millones de franceses, incluso de aquellos que son muy jóvenes para haberlo visto.

A contramano de lo que sucede en el resto de Europa, donde la derecha y los tecnócratas toman las riendas para salir de una crisis que ellos mismos provocaron con su laissez faire, Francia podría hoy finalmente dar vuelta a la página a una década de neoliberalismo y convivencia descarada entre el Estado y las grandes fortunas del país. <

La clave - AUSENTISMO

El derrotismo de los medios cercanos al gobierno podría movilizar a muchos que no votaron en la primera vuelta –un 20% del padrón– y que no quieren que el socialismo y sus promesas de aumentar los impuestos “a los que más tienen” lleguen al poder.

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