El jefe comunal no sólo intermedió para que los incidentes no alcanzaran mayor gravedad, sino que además le recomendó al Gobierno que "a este tipo de conflictos hay que evitar dilatarlos en el tiempo", porque sino "terminamos perjudicando a actores secundarios, como en este caso a los chicos de la ciudad", que pierden días de clase desde la semana pasada.
Inmediatamente después, cuando el Gobernador llegaba a la sede de la oenegé Apadea, se encontró con una movilización de los trabajadores no docentes que llegaban con el ánimo muy caliente, al punto de que el propio Sastre debió poner el cuerpo, además de las palabras, para evitar que la situación pasara de mala a peor.
Golpes, empujones, insultos y la sensación de que los conflictos vagan sin conducción ni atención por parte de los funcionarios que debieran preservar la figura del jefe del Ejecutivo, terminaron marcando que lo que se preveía era una más de las visitas protocolares, cargadas de anuncios que nunca se sabe cuándo van a cumplirse, concluyó en un nuevo mal momento personal de Buzzi, colocado en soledad en medio de un conflicto laboral que tiene más de una semana de desarrollo, sin que nadie pareciera haberlo advertido.
Para colmo de males, queda una anécdota dolorosa. En su apresurada salida de la sede de Apadea, una camioneta oficial que salió a gran velocidad del lugar atropelló a un perrito que cruzaba la calle.
Lo terminaron recogiendo los vecinos, mientras insultaban a la comitiva oficial.
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