La ex esposa de Alejandro Vandenbroele presunto testaferro de Amado Boudou, en la denuncia que efectuara contra ambos por "corrupción y asociación ilícita" involucró en los negociados a una poderosa funcionaria "mujer" de Formosa, con la que realizaban multimillonarios negociados, a quién recordaba porque le causaba mucha gracia sus actitudes "ridículas".
Boudou, José María Núñez Carmona y Vandenbroele gozaban de "una amistad muy cerrada" y además "hacían buenos negocios", que también involucran -a modo de ejemplo- a una influyente mujer del gobierno de Formosa, que les reportaba millonarios dividendos.
A la funcionaria formoseña de quién no supo precisar que cargo ocupaba, pero sabia que era altísimo por el poder que tenía y la cantidad de dinero que manejaba, la recordó porque su marido se reía mucho de ella. Le causaba gracias sus actitudes ridículas, pero con ella hacían mucho dinero por negociados, "si nosotros nos quedamos con un pilón, sabes con la que se quedaron ellos", le había contado el ex marido.
CON MIL POR MES COMPRO UNA EMPRESA
QUE FACTURA 200 MILLONES DE DOLARES ANUALES
"Yo soy un hombre de Amado Boudou, represento al Gobierno y ustedes no se tienen que preocupar por el futuro de la empresa", le dijo Vanderbroele a los empleados de Ciccone y a los delegados del sindicato gráfico en una de sus primeras visitas a la empresa que había adquirido mágicamente y tras muchas irregularidades y complicidades de funcionarios del Gobierno nacional.
"Tenemos garantizado que después de las elecciones vamos a imprimir papel moneda", afirmó el empresario Monotributista categoría "B", que (con ingresos de poco más de $ 1.000 al mes declarados a la AFIP) se había quedado con Ciccone Calcográfica, la única empresa privada de la Argentina autorizada para imprimir papel moneda, cheques, patentes de automóviles, etc. Una empresa que facturaba 200 millones de dólares al año.
Vanderbroele llegaba pisando terreno seguro: antes de las elecciones había tercerizado la impresión de las boletas del Frente para la Victoria y ya realizaba negociados millonarios con el gobierno de Formosa. "Me dijo que estaba haciendo negocios con él, que se iba a quedar con buen dinero, que se trataba de coimas", explicó Laura Muñoz, la esposa de Vanderbroele, separada de hecho y enfrentados por la tenencia de su pequeña hija.
AMENAZADA DE MUERTE
Ante el micrófono, Laura Muñoz sonaba segura y valiente: contó que había recibido amenazas, que intentaron comprarla, que quisieron hacerla pasar por loca y que hablaba como su única salida para defenderse. "Ahora que esto es público, no se van a animar a matarme".
"Me dijo que me iba a hacer pasar por loca me iba a meter en un neuropsiquiátrico. Entonces, lo único que se me ocurrió es que si yo hacía público todo lo que sabía, la gente me iba a conocer, se iban a dar cuenta que no estoy loca y no me iba a poder matar", manifestó.
DE POBRE A MILLONARIO
Pero esta no era solamente una historia de evasión impositiva. Vanderbroele estaba vinculado al vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, lo que explicaba la sucesión de hechos irregulares que permitieron que el monotributista emprendedor se quedara con una multimillonaria empresa, que encima tenia comprometido imprimir billetes de cien pesos.
El desembarco de Vanderbroele en Ciccone estuvo rodeado de un constante aire de impunidad y fue posible gracias a una cadena de hechos irregulares que trasciende la casualidad: El juez de la quiebra de Ciccone, pedida por la AFIP, Javier Cosentino, decidió que la planta podía ser alquilada y abrió la posibilidad de ofertas: la empresa Boldt (una compañía con antecedentes en el mercado gráfico y en el juego) se impuso sobre la Casa de la Moneda y la propia AFIP.
La AFIP decidió, entonces, pedir levantar la quiebra. Al secretario Guillermo Moreno le tocó cerrar la pinza: Comercio Interior decretó que Boldt ya tenía una imprenta, por lo que el alquiler de Ciccone ?producía una concentración empresaria? del sector gráfico. La Cámara de Apelaciones en lo Penal Económico hizo lugar a la medida de Moreno.
Varios acreedores de Ciccone recibieron, en medio del proceso judicial, la visita de un representante de Boudou, quien les sugirió que aceptaran en Ciccone al fondo de inversión manejado por Vanderbroele: The Old Fund.
El 3 de septiembre de 2010, Vanderbroele hizo rendir como nadie sus $ 1.000 mensuales declarados al fisco: pagó en la sucursal Tribunales del Banco Ciudad $ 567 mil en efectivo para levantar la quiebra de Ciccone.
Vanderbroele no llegó con una sola mano a hacerse de la empresa. Lo permitieron varias manos: Ricardo Echegaray, titular de la AFIP, arrepentida de la quiebra que ella misma había pedido; el secretario de Comercio, que vio allí otra amenaza de monopolio; los jueces que hicieron la venia sin chistar y la influencia del vicepresidente de la Nación.





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