Así funcionará, sin Néstor, el gobierno de la Presidenta

Un nuevo mapa se está reconfigurando en el oficialismo. Sin la figura excluyente de Kirchner, ministros y funcionarios buscan reacomodar sus alineamientos políticos.

Dentro del Gobierno nadie se anima en estas horas de duelo a vaticinar si la muerte de Néstor Kirchner va a modificar el rumbo de la gestión y si para eso la Presidenta considerará necesario efectuar cambios en el gabinete nacional.

"Todos están apurados por eso, pero primero hay que escuchar a Cristina", afirma un secretario de Estado que prefiere, en cambio, destacar el apoyo popular que tuvo la despedida del ex presidente. Otros funcionarios consultados imaginan que apenas pasados los funerales, muy probablemente mañana, la jefa de Estado se reunirá con sus colaboradores más íntimos para definir las líneas de acción.

"Seguramente no va a cambiar mucho", afirman quienes reconocen que el llamado núcleo duro del Gobierno seguirá ejerciendo una fuerte influencia sobre Cristina. En realidad dentro del gabinete se destacan al menos cuatro grupos de distinta llegada a las decisiones presidenciales.

El más importante es el integrado por el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini, el secretario General de la Presidencia Oscar Parrilli, el secretario de Inteligencia Héctor Icazuriaga y el ministro de Planificación Julio De Vido.

Ellos cuatro conforman la línea de mayor intimidad con la jefa de Estado. De ellos, De Vido es el más fuerte interlocutor de Hugo Moyano, el líder de la CGT cuya figura ha tenido un fuerte crecimiento en estos años de gobierno kirchnerista.

Eso mismo plantea la necesidad de una definición presidencial, porque se generan tensiones con otros sectores que apoyan al Gobierno pero ven como negativa la expansión del poder sindical. Cuentan en las cercanías del principal despacho de la Casa Rosada que ésa era precisamente una de las mayores preocupaciones de Néstor Kirchner.

La segunda línea del equipo que acompaña a Cristina es el grupo más mediático del Gobierno. Allí se alinea el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, que además oficia prácticamente de vocero y polemista oficial.

También el ministro de Economía Amado Boudou, cuyo nombre está incluido en versiones que indican su desplazamiento a una embajada para que su lugar sea ocupado por Julio De Vido.

Se suman en esta categoría el canciller Héctor Timerman, el ministro del Interior Florencio Randazzo y el de Trabajo Carlos Tomada. Con Néstor Kirchner su hermana Alicia, ministra de Desarrollo Social, cumplía una silenciosa pero importante función de vínculo con los sectores más postergados y de provisión de planes y subsidios varios.

El tercer círculo está integrado por los ministros de Defensa, Nilda Garré; de Justicia, Julio Alak; de Educación, Alberto Sileoni; de Agricultura, Julián Domínguez y de Industria, Débora Giorgi. Exhiben bajo perfil y tienen escaso diálogo con la Presidenta salvo que se trate de cuestiones específicas de sus respectivas áreas.

Por último, los ministros de Salud, Juan Manzur y de Ciencia y Técnica, Lino Barañao, más otros secretarios de Estado como los de Turismo o Cultura, son los más alejados del ámbito donde se toman las decisiones más relevantes del Gobierno.

La excepción es el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien fue hasta ahora un instrumento útil para ejecutar las órdenes de Néstor Kirchner en distintas áreas que requerían una especial dureza en la confrontación.

Estará en la decisión de Cristina mantenerlo o no en ese rol, aunque gran parte del Gobierno entiende que, al igual que la excesiva proximidad con Moyano, la presencia activa de Moreno resulta negativa para la imagen de la administración.

Las versiones abundan, aunque limitadas a las habituales especulaciones políticas de distintos sectores que intentan ganar posiciones en el Gobierno. Lo que sí es evidente, es la existencia de ideas y criterios diferentes entre los principales funcionarios acerca de cómo reconstruir la imagen de gestión de Cristina para que ése sea uno de los motores que impulse un triunfo en las próximas elecciones.

Los funerales, el protocolo y el profundo dolor que significa la pérdida personal y política de su compañero, mantienen a la Presidenta viviendo momentos excepcionales. Las decisiones para enfrentar el futuro vendrán después, cuando el presente sea pasado.

El rol de Mazzón

Según publicó La Nación, el mendocino Juan Carlos Mazzón también seguirá teniendo un lugar preponderante en el nuevo esquema de poder del kirchnerismo post Néstor. Allí, se lo menciona como uno de los integrantes de la mesa que tendrá a su cargo la construcción política de cara a las próximas elecciones: "Para el armado electoral, Zannini, Randazzo, Aníbal Fernández y Juan Carlos Mazzón serán cerebros de lo que imaginaba Kirchner".

Sin embargo, otras versiones indican que el coordinador general de Asuntos Políticos e Institucionales de la Unidad Presidencia y líder del sector Azul del peronismo mendocino, supo cultivar un más que aceitado vínculo con el ex presidente pero, sin embargo, nunca logró ganar la simpatía de Cristina, lo que también pondría un interrogante a su participación en el mapa del gobierno.

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