Su función es hacer leyes, pero los buscan con la esperanza de que generen empleo

Cada mañana, los legisladores reciben consultas por diferentes necesidades, pero los desocupados son quienes más acuden a ellos. "Tenemos nuestro rol parlamentario, pero también uno social que no podemos desconocer", explicó Beatriz Ávila
EN EL INGRESO. En la Legislatura, las personas que buscan entrevistarse con un parlamentario deben anunciarse; luego, comienza la larga espera. LA GACETA / FOTO DE ANTONIO FERRONI

En la Legislatura, las personas que buscan entrevistarse con un parlamentario deben anunciarse; luego, comienza la larga espera. LA GACETA / FOTO DE ANTONIO FERRONI

Con la esperanza como motor, son muchos los que recorren kilómetros a pie o en colectivo en busca de la ansiada solución. Después de tantos rechazos y de tocar puertas que jamás se abren, sienten que quizás no exista otra manera de llevar el pan a la mesa. Por eso, desde muy temprano, comienzan a hacer fila para pedir un empleo que les dé, por fin, una vida próspera.

Ellos confían en que el "milagro" se producirá. Eso sí: el blanco de sus demandas no es San Cayetano, patrono del trabajo. A quienes cientos de personas van a buscar cada mes, en realidad, es a los legisladores. Y cada mañana, en el edificio de avenida Sarmiento y calle Maipú, se puede ver a los peregrinos del desempleo aguardando por una respuesta.

Giselle Ignacio tiene 25 años, y está estudiando para ser profesora de matemáticas y abogada. Le queda poco tiempo libre, pero debe conseguir recursos que le permitan afrontar ambas carreras. "Hace tres años que estoy en la búsqueda, pero no consigo nada estable. Por eso vine acá. No quiero ningún plan; soy joven y puedo valerme por mí misma. El problema es que la situación está muy complicada", explicó la joven en los pasillos de la Legislatura. Allí, Giselle aguardaba que la llamen de un momento a otro. "El gobernador (José Alperovich) dice que acá hay fuentes de trabajo para los jóvenes. Pero cada vez confío menos en eso. Me considero una persona preparada; pero no hay posibilidades", aseguró la estudiante.

Parlamentarios consultados por LA GACETA indicaron que cada jornada reciben a personas con necesidades diversas. Pero la gran mayoría tiene el mismo problema que Giselle. "Lo que más nos piden es trabajo. Algunas veces son adultos que tienen problemas para insertarse en el mercado; otras, jóvenes que buscan su primer empleo. Esto y la salud son los principales planteos", manifestó la legisladora oficialista Beatriz Ávila.

La Constitución de la Provincia, en los 30 puntos que establecen las funciones que le corresponden al Poder Legislativo, no habla sobre este tipo de responsabilidades. Sin embargo, Ávila afirma que eso no los excluye para trabajar en ese aspecto. "Los legisladores tenemos nuestro rol parlamentario, pero también otro social, que no podemos desconocer", aseveró.

Un curriculum

El opositor Ricardo Bussi dijo que, cuando recibe una inquietud por necesidades laborales, le pide un curriculum vitae al postulante. "Tenemos un banco de datos; cuando podemos, buscamos alguna solución con algún empresario", dijo. Sin embargo, no se mostró de acuerdo con resolver otro tipo de carencias. "No es parte de mis funciones. Fui elegido para hacer leyes; los problemas sociales deben ser resueltos por las estructuras específicas del Poder Ejecutivo", indicó.

El peronista Raúl Hadla explicó que este tipo de consultas se realizan desde hace muchos años. "La gente busca trabajo, ya sea para sí misma o para sus hijos. Entonces, recurren a la Legislatura. Nosotros anduvimos por la calle dando la cara y nos comprometimos en hacer una provincia mejor. Entonces, no vamos a negarnos a los vecinos. Esto es algo de toda la vida", dijo. "Pero las personas no vienen sólo a pedirnos cosas -aseguró-, hay muchos que nos acercan ideas y proyectos".

Un puesto para Juan

Desde hace más de una década que Patricia del Carmen Vanegas hace gestiones para que su hijo Juan, de 35 años, pueda trabajar en el Estado. Su intención es que ingrese a Espacios Verdes de la Municipalidad. "Mi esposo se está por jubilar allí y me dijeron que había chances de que Juan ocupara su lugar. Él tiene tres hijos, y no consigue nada estable", aseguró la mujer, de 57 años. Entonces, decidió visitar a un legislador. "Es la primera vez que vengo. Me explicaron que, con la recomendación de alguien de peso, tenemos más chances. Y como mi hijo y yo colaboramos en las elecciones, quizás alguien nos dé una solución", se ilusionó.

Algo parecido le ocurre a Marta García, de 61 años, quien busca empleo para su nieto Maximiliano. "Le faltan dos materias para terminar el secundario. Tiene 32 años y no tiene problemas en trabajar de lo que sea, siempre que se trate de algo digno. Vamos a ver si lo conseguimos", dijo la vecina, que llegó desde El Colmenar para probar suerte.

Según cuentan en los pasillos de la Legislatura, un parlamentario puede llegar a recibir 10 consultas de estas características en un día agitado. "No siempre hay respuestas para todos, aunque a veces piensen que es fácil darles un cargo público", confió uno de ellos.

La esperanza es el factor común entre los peregrinos del desempleo. Y la oficina de los legisladores es el depósito de sus ilusiones. "Por ahora no pude resolver mi problema. Me dijeron que tengo que hablar con un puntero para tratar de entrevistarme con algún legislador. Igual, voy a seguir intentando", comentó Giselle, luego de esperar un llamado que no llegó. Y, si la cosa sigue así, seguramente acabará encomendándose a San Cayetano.

Comentá la nota