Una encuesta detectó un 66% de fumadores, de los cuales el 28,16%, unos 169 casos presenta un nivel de grado severo. Se registraron más casos en hombres. Pero se detectó una mujer que consume 60 cigarrillos por día.
La consulta fue coordinada por la doctora Sofía Nievas, conjuntamente con la doctora Paola Courtade y el doctor Gustavo Alcalá, quienes desarrollaron una serie de actividades que tuvieron como objetivo informar, concientizar y promover un cambio de hábito, referido a conductas que propician riesgos cardíacos.
“El objetivo de esta actividad fue concientizar a aquellos fumadores asiduos e incitarlos a que dejen de fumar por voluntad propia, o iniciando un tratamiento; sosteniendo que dicho vicio conlleva un daño progresivo, ya que se considera al tabaquismo una enfermedad adictiva crónica. Realizando las cooximetrías la persona que fuma tiene una noción de cuán contaminado está su organismo, pudiendo tener un registro de la gravedad del consumo diario de tabaco”, destacó la doctora Nievas.
Por un lado se realizaron cooximetrías, es decir, una medición del monóxido de carbono que un sujeto tiene del aire que espira, lo que está relacionado con su hábito como fumador. Este procedimiento no es para nada agresivo, y se realizó utilizando un cooxímetro, en donde la persona interesada (ya sea fumadora o no) accedió a inhalar, luego mantuvo una apnea de 15 segundos, y exhaló liberando el aire por la boquilla. Luego, el profesional médico evaluó al fumador desde 3 puntos de vista: grado de tabaquismo (números de cigarrillos), número de años de fumador, y niveles de CO (Monóxido de carbono).
Además de esa prueba, se procedió a realizar una serie de preguntas para tener mayor conocimiento de la realidad de las personas interesadas. Algunas de ellas fueron: ¿Fuma? ¿Por qué fuma? ¿Con qué intensidad? ¿En qué momentos?, ¿Desde qué edad? ¿Estuvo alguna vez sin fumar? ¿Por qué retomó con dicho vicio? ¿Tiene un registro de lo que fuma? ¿Se planteó dejar de fumar? ¿Convive en su trabajo o en su casa, con fumadores?.
En efecto, los resultados fueron sorprendentes. Los valores obtenidos se relacionaron con el número de cigarrillos consumidos y con el patrón de inhalación (el cooxímetro informa, en segundos, las cifras de CO que el paciente tiene en el aire espirado y las correlaciona con el porcentaje de carboxihemoglobina), y se tomaron como referencias: fumadores pasivos o de grado leve (0 a 5 ppm), fumadores de grado moderado (5 a 15 ppm), y fumadores de grado severo (15 o más ppm).
De las 600 personas (entre 10 y 75 años) que se realizaron la medición, el 56,17% son hombres (337 individuos); y el 43,83 % mujeres (263 individuos). Del total, 57 casos registraron un nivel de 15-19 ppm, 79 casos tuvieron una medición de monóxido de carbono entre 20-29 ppm (partes por millón), 24 personas marcaron entre 30-39 ppm, 6 casos registraron entre 40-49 ppm, y hubo 3 casos que midieron 50 o más ppm. El caso más resonante fue el de un hombre de 55 años que registró 58 ppm, y adujo fumar entre 10-20 cigarrillos por día. Mientras que del sexo femenino, el caso más relevante fue el de una mujer de 51 años y midió 56 ppm, fundamentando que fuma 40 cigarrillos diariamente.
Durante la campaña, también se detectó que casi el 90% de las personas que fumaba realizó algún intento de cesación tabáquica fallido, y además no sabe dónde consultar para dejar de fumar. El 96 % de las personas que fuma está preocupada por las consecuencias que trae el cigarrillo sobre su salud y refiere no poder dejarlo. El 95% de los consejos sobre dejar de fumar lo dan los familiares.
Los profesionales de la salud señalaron que la campaña tuvo gran repercusión. Observaron predisposición de la gente, tanto para la realización de la cooximetría como para contestar las preguntas de la encuesta. Destacaron que los que más concurrieron fueron hombres, de diferentes edades. Y éstos registraron los valores más altos, en promedio. Al respecto, relacionaban la cantidad de cigarrillos diarios con las horas que permanecía en tiempo de ocio. También hubo un grupo que fumaba mucho más que lo habitual en su lugar de trabajo, este fue el caso de policías, serenos, abogados, contadores, empleados de comercio.
En tanto, las mujeres manifestaron que les causa temor dejar de fumar, porque consideran que, como consecuencia, ingerirían mayor cantidad de comida. La mayoría de este grupo femenino recalcó que fuma más en estado de ansiedad o cuando está en contacto con personas fumadoras.
Una parte de los 200 no fumadores tuvieron niveles equivalentes a los de un fumador de pocos cigarrillos por día, a pesar de no haber fumado nunca, y la razón es por estar expuestos al humo de tabaco ambiental tanto en su trabajo como en sus hogares. Se detectó también un subgrupo de mayor riesgo con más de 6 horas por día de exposición al humo ajeno del hogar (10% de los encuestados) y del trabajo (7%).
El más joven que accedió a la medición, solo tenía 10 años y estaba expuesto al humo en su casa.
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