“No fuimos unos genios seis años y nos volvimos idiotas en seis meses”

El exintendente radical Elio Aprile, que renunció en marzo de 2002, analizó los sucesos de diciembre de 2001. Habló de “oportunismo político” y “deslealtad”. “Los gobiernos locales terminan pagando tributo a la realidad nacional” tiró
Elio Aprile fue el hombre que ganó, por mayor cantidad de votos, la intendencia de la ciudad: superó los 200 mil sufragios, más del 62 por ciento de los comicios. Era octubre de 1999 e iba por su segundo mandato. Sin embargo, su ida fue anticipada. Las movilizaciones populares, la renuncia del presidente De la Rúa en las trágicas jornadas del 19 y 20, “la apuesta al fracaso” de la oposición externa del PJ e interna del propio radicalismo lo llevaron a la renuncia.

A diez años de la explosión popular, el exintendente de General Pueyrredon analizó los sucesos en una charla con El Atlántico, habló de “oportunismos políticos” y “deslealtades” y trazó el proceso que atravesó, desde entonces, la Unión Cívica Radical.

- ¿Cuál es su lectura política de las jornadas del 19 y 20?

- Los gobiernos locales terminan pagando tributo a las realidades nacionales. Es evidente que las crisis que afectan a la economía global de un país inciden de manera directa sobre las provincias y municipios. Y los intendentes terminan siendo la puerta de ingreso a la demanda de problemas que no pueden resolver. Es evidente que frente a una situación de crisis como se vivió en esa época, los intendentes estábamos desbordados porque no podíamos pagar sueldos, los contratos. Además, con una alta dosis de intolerancia de parte de quienes eran concientes que la crisis nos superaba a las gestiones locales.

Nosotros no fuimos unos genios durante seis años, y nos volvimos idiotas los últimos seis meses. Evidentemente si durante tantos años pudimos cumplir con nuestros compromisos, pagar salarios, los contratos, todo lo que implica una administración ordenada. En ese clima de tensión e insatisfacción era previsible que llegaran posibles desbordes como terminaron llegando.

- ¿Se veía venir este estallido social? Había habido una clara muestra en las elecciones legislativas de ese año con un alto porcentaje de ‘voto bronca’

- Sí, se venía venir. Las elecciones de octubre fueron terribles para la Alianza. En términos políticos no hay que creerse nunca ni lo bueno ni lo malo, que todo pasa. En el ‘99 sacamos más del 60 por ciento de los votos y dos años después, el 17. El humor de la sociedad es volátil.

Fue el voto bronca contra la Alianza, que en ese momento era la responsable de la crisis económica que ya empezaba su proceso devastador. Fueron tiempos muy duros, muy crueles, de mucha intolerancia, oportunismos políticos, deslealtades. En esos climas, como cuando hay guerras, las morales se diluyen y pareciera ser que todo vale, y de hecho pareció ser que todo valía. Uno ve lo mejor y lo peor de la condición humana en carne viva.

- Habló de oportunismos políticos. ¿Cuál cree que es el rol que jugó el PJ en todo este proceso?

- Tanto a nivel nacional como local, apostaron al derrumbe, al fracaso. Alguna vez vamos a entender que la gente va a terminar reconociendo que la oposición ayude a gobernar, y también pueda tener premio electoral. Cuando hablo de oposición también hablo de la oposición interna. Yo la padecí cruelmente y es más dolorosa porque se supone que son los propios. La oposición externa es más frontal y apuesta a la derrota. No hubo mucho acompañamiento, desde el punto de vista, de entender que era una crisis que superaba a los gobiernos locales. Cómo puede un intendente resolver problemas de estructura económica que se quiebra a nivel nacional. Qué posibilidad tenemos de recursos, si sin estar en crisis siempre las demandas son mayores que las posibilidades de resolverlas. Jamás tuvimos problemas para pagar salarios y llegó un momento en que si pagábamos a los guardavidas, nos paraban la basura, si no pagábamos la basura, nos paraban los municipales. No había recursos para poder sostenerlo. En ese clima de crisis, están quienes además la fomentan, y apuestan al desgaste de los funcionarios para heredar después las cenizas. Cuando hablo de oportunismos políticos hablo de eso: de una oposición insolidaria, empeñada en poner de manifiesto todo lo cruel que se está viviendo, y sectores internos que también aprovechan para desgastar a quienes están en ese momento ocupando un cargo, creyendo que podrán heredar algo. De hecho lo heredaron y sabrán ellos qué hicieron con la herencia.

- ¿Qué pasó con el radicalismo a partir de estas jornadas?

- El radicalismo entró en una crisis de la que todavía no ha emergido. Se divorció, en su enamoramiento, con la ciudad. El nuevo presidente a nivel nacional, Barletta, dice que tiene que volver a enamorar. El fracaso de la Alianza lo terminó pagando solamente el radicalismo. El Frepaso, la otra mitad de ese acuerdo político, jamás se hizo cargo de nada; y la mayoría de esos funcionarios de entonces hoy son funcionarios K en el gobierno nacional. La crisis del 2001 la pagó De la Rúa como persona y el radicalismo como partido. Y desde entonces hemos andado a los tumbos, sin encontrar jamás el pulso real que la sociedad nos demanda.

Probamos con experiencias absurdas a las que me opuse, llevamos a un peronista como candidato a presidente, luego a otro como candidato a gobernador. Es decir, enjuagues de orden político, matemático, estadístico, que no expresa la voluntad de la gente. Lo mejor que se puede aportar al equilibrio de una República es que haya dos o tres grupos políticos fuertes donde uno gobierne, y otros sean alternativas y controlen. Cuando se destruye la oposición, hay un doble castigo para la oposición: no poder ser alternativa y ser de alguna manera responsable de procesos monopólicos del poder. El radicalismo tiene que ser fundacional nuevamente.

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