El anunciado cese de la ola de calor llegó ayer a Atamisqui con un temporal que derribó el tinglado de la Escuela Rivadavia, voló techos, volteó árboles y postes de energía eléctrica, y dejó sin vivienda a numerosas familias. El fenómeno también azotó a Fernández, Colonia Dora, Herrera y Pinto.
La ola de calor que castiga a los santiagueños desde hace varios días tuvo su corolario: árboles caídos, casas y edificios arruinados y familias evacuadas en Villa Atamisqui, Fernández, Pinto, Añatuya, Colonia Dora y Herrera.
En Villa Atamisqui, una bochornosa jornada finalizó con un fuerte temporal que azotó a la histórica villa y dejó a la intemperie a más de cincuenta familias.
“El temporal afectó a tres sectores de la ciudad, el barrio Matadero, el centro, donde destrozó el tinglado de la cancha de básquet de la escuela primaria Bernardino Rivadavia, luego el viento se desvió hacia el barrio Maracaná, y luego giró hacia el barrio las Lomitas, produciendo a su paso voladuras de techo, derrumbando paredes, gracias a Dios no tenemos que lamentar la pérdida de vidas humanas”, informó Roberto Brandán intendente de Atamisqui.
“Metimos a los chicos debajo de la cama porque el ruido que hacían las chapas era terrible, de pronto el viento levantó el techo y yo traté de cubrir a mi esposa de los ladrillos y de los pedazos de material que nos caían en la cabeza” contó Carlos Rebainera.
De acuerdo con las informaciones brindadas por el Dr. Daniel Herrero director del hospital atamisqueño, a la guardia del mencionado nosocomio ingresaron más de diez pacientes, los que sufrieron escoriaciones de distinto tipo a causa de los golpes recibidos por mampostería que se desprendió debido el viento, cortes provocados por chapas y otros materiales contundentes.
Al cierre de esta edición personal de la seccional Nº 20 y de la Unidad Regional Nº 5 recorrían el interior atamisqueño, realizando un relevamiento.
Fernández
Un vendaval de agua y viento azotó la “Capital del Agro”, alrededor de las 16, después de una jornada infernal, y dos días sin corriente ni agua potable.
El fenómeno no duró más de treinta minutos pero fueron suficientes para causar grandes destrozos en todo el casco céntrico de la ciudad, donde se pudo observar numerosos árboles arrancados de cuajo y arrojados varios metros sobre la cinta asfáltica, además de columnas del alumbrado público y voladuras de techo.
Personal de la comisaria seccional 35, informó que en tan solo 30 minutos la lluvia caída superó los 50mm.
Pinto y Colonia Dora
El cambio meteorológico producido en la ciudad de Pintos provocó la voladura de techos de dos viviendas a causa de fuertes ráfagas de viento registradas en las primeras horas de la jornada de ayer.
“Llovieron solo siete milímetros, salvo la voladura de techos de estas dos casas, los daños materiales no fueron mayores por suerte”, expresó a EL LIBERAL Guillermo Ganom, intendente de Pinto.
En Colonia Dora, en la tarde de ayer llegó una fuerte ráfaga de viento que estuvo acompañada de algunas gotas de agua.
El jefe comunal Juan Sequeira fue tajante al señalar que están sufriendo serios inconvenientes, teniendo en cuenta que la planta de bombeo no trabaja en la totalidad de su capacidad de suministro, complicándose aún más por los reiterados cortes de energía.
Esta problemática está siendo combatida momentáneamente con la provisión de agua que efectúan los transportes municipales, con el refuerzo de tanques de Recursos Hídricos.
Herrera
En la cabecera del Departamento Avellaneda, cerca de las cuatro de la tarde llegó una fuerte ráfaga de viento, acompañada de algunas gotas de agua, pero todo fue fugaz y la alta temperatura siguió mostrando su presencia, con el agregado de que los herrerenses estuvieron varias horas sin energía eléctrica.
La comisaría 19, localizada en Herrera, a través de su guardia de prevención, también reportó el mismo contexto en la localidad de Lugones, 30 km al norte, sobre la ruta nacional 34, que también sufrió los mismos avatares y espera la bendita lluvia que por ahora se hace esperar.
En Añatuya, después de una siesta infernal, pareció asomar un atisbo de alivio al comenzar a soplar un viento y provocar la concentración de nubes que presagiaban la anhelada lluvia, pero pese a algunos relámpagos la lluvia nunca llegó.
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