En un duro documento se manifestó también en contra de la eutanasia, la fecundación asistida y de todas aquellas formas que atenten contra la vida. Fue el resultado del cónclave realizado en Tucumán entre miembros del Consejo Pontificio de la Familia, los obispos de Santiago y Tucumán y legisladores de gran parte de la Argentina.
Participaron del encuentro los obispos de la Diócesis de Santiago del Estero, Francisco Polti y Ariel Torrado Mosconi, el arzobispo de Tucumán Alfredo Zecca, los prelados vaticanos monseñor Jean Laffitte, secretario del Consejo Pontificio de la Familia y monseñor Carlos Simón Vázquez, subsecretario del mismo dicasterio, y numerosos legisladores encabezados por la senadora Liliana Negre de Alonso, de la agrupación Acción Mundial de Parlamentarios y Gobernantes por la Vida.
Este documento tiene como objetivo defender el derecho a la vida desde su concepción hasta la muerte natural y comprometer a los legisladores de todo el país a protegerla desde su función pública. Esta proclama se da a conocer ante la posibilidad de que la despenalización del aborto consiga su debate próximamente en la Cámara de Diputados de la Nación.
Al finalizar el acto, monseñor Torrado Mosconi dialogó con EL LIBERAL y expresó la trascendencia de la jornada vivida ayer en la vecina provincia. “Fue un acto sumamente significativo que en la casa histórica donde se declaró la Independencia, se firme esta proclama y compromiso de los legisladores por defender y cuidar la vida humana. De alguna manera quiere ser como una expresión muy profunda del deber que debemos tener en este Bicentenario”, explicó el obispo auxiliar.
Con relación a la posibilidad de que se despenalice el aborto en la Argentina, el religioso reiteró su postura expresada días atrás en el Congreso Internacional por la Vida y la Familia que se llevó a cabo en Salta. “Nos encontramos ante la amenaza inminente de diversos proyectos para la despenalización del aborto, decisión que sería un grave perjuicio y perturbación del recto orden jurídico, cultural y ético. Esta práctica no es sólo un atentado contra el niño por nacer, sino también contra la misma mujer”, dijo.
“Los avances de las ciencias – subrayó- muestran cada vez con mayor evidencia y contundencia lo que la Iglesia siempre ha sostenido, con profunda convicción, que desde el mismo instante de la concepción, existe un ser humano único e irrepetible que debe ser cuidado, respetado y amado”.



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