El fútbol y las armas marcaron su relación con la Argentina

El fútbol y las armas marcaron su relación con la Argentina

Durante los 42 años que Muammar Khadafy gobernó en Libia, las relaciones con la Argentina fueron zigzagueantes y explosivas. Esto incluyó los nexos con la farándula, el fútbol, los negocios turbios y los vínculos comerciales que envolvieron tanto a gobiernos de derecha y militares como a administraciones de izquierda, como la de Cristina Kirchner

El gobierno de Juan Domingo Perón en 1974 no les fue esquivo a Khadafy y a su poderío militar. Fue el enigmático ministro de Bienestar Social y hombre en las sombras de Perón, José López Rega, quien ofició de nexo entre Trípoli y Buenos Aires. A fines de 1973, López Rega viajó a Libia para firmar convenios comerciales con Khadafy y pedir que la Argentina se incorporase al grupo de los No Alineados.

Los archivos de la Cancillería registran más de 15 acuerdos entre la Argentina y Libia firmados en 1974. Esos entendimientos iban desde acuerdos comerciales hasta la cooperación para la proliferación de energía nuclear y atómica. Perón llegó a recibir incluso un préstamo de Khadafy por 200 millones de dólares y estableció la creación de un centro de producción de harina y carnes argentinas en un puerto libio.

Durante la irrupción de la dictadura militar argentina en 1976 Khadafy no dudó un segundo en estrechar lazos con los altos mandos de la junta militar. Así, ofreció armas al presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri en 1982 para enfrentar lo que llamó la "odiosa agresión imperial" de Gran Bretaña en las islas Malvinas. Galtieri no se quedó atrás: envió una carta a Khadafy en la que comparaba el conflicto con una guerra santa. El resultado de todo esto fue el envío de armas soviéticas que hizo Libia y que llegaron a las Malvinas en la guerra, pero que nunca pudieron ser utilizadas.

Con el restablecimiento de la democracia, en 1983, Khadafy se reencontró con la Argentina en las cumbres de Países No Alineados. Sin embargo, el gobierno radical de Raúl Alfonsín nunca tuvo una relación directa con Khadafy.

El entonces canciller argentino, Dante Caputo, recordó ayer a La Nacion que Alfonsín vio por primera vez a Khadafy en una reunión de los No Alineados que se hizo en Zimbabwe hacia 1984 y "salió espantado". ¿El motivo? El líder libio había ingresado al lugar escoltado por un grupo de mujeres que coreaban cánticos en favor de Khadafy mientras repartían el famoso Libro Verde del socialismo. Desde ese momento, Alfonsín -según dijo Caputo- nunca más quiso acercarse al presidente de Libia.

Armas y fútbol

Desde 1989, cuando Carlos Menem llegó a la presidencia, sus vínculos con Khadafy siempre fueron un misterio, hasta que en 1997 el ex ministro de Economía Domingo Cavallo desnudó un acuerdo económico-militar entre Libia y la Argentina. Cavallo escribió en su libro El peso del poder que a lo largo de una reunión que Khadafy había mantenido con el entonces presidente argentino en la embajada libia en Belgrado, rodeados de camellos y mujeres, el jefe libio reaccionó molesto frente a la insistencia de Menem sobre la importancia de recibir apoyo de Estados Unidos.

Cavallo comenta que Khadafy mostró mucho interés por el misil Cóndor que estaba fabricando la Argentina y añadió que dejó en claro que había apoyado la campaña electoral de Menem con la promesa de entrar en negociaciones para la exportación del misil argentino a Libia. Pero el acuerdo nunca se terminó de cerrar porque el proyecto del misil Cóndor fue desactivado completamente.

El fútbol fue otra de las pasiones que vinculó a Khadafy con la Argentina. En 2000, el técnico Carlos Salvador Bilardo dirigió a la selección de Libia y luego calificaría a Khadafy como una "persona avasallante, capaz de silenciar a 200 personas".

Con la ayuda de los petrodólares, el líder libio también se dio el gusto de recibir a Diego Maradona y a su entonces manager Guillermo Cóppola en junio de 2001 para el casamiento de Al-Saadi, uno de los hijos de Khadafy. Luego Maradona presidiría la final de la Copa de Libia de fútbol.

Cristina Kirchner tuvo una relación muy particular con Khadafy. El 21 de noviembre de 2008, en medio de una gira por Africa, la presidenta argentina visitó en Trípoli la lujosa carpa del líder libio. Ambos recorrieron la casa de Khadafy bombardeada por Estados Unidos en 1986 y anunciaron acuerdos de cooperación. Y en la cena que el líder libio ofreció a la delegación argentina, Cristina Kirchner afirmó que varios países, entre los que incluyó a la Argentina, atravesarán "momentos difíciles" y coincidió con su anfitrión en que es necesario un sistema de "equilibrio y armonía" entre las naciones.

Tres años más tarde, y a pesar de su inicial reticencia, el gobierno argentino tuvo que reconocer en la ONU al nuevo poder libio que derrocó a Khadafy. Fue la antesala de despedida definitiva de un histórico vínculo entre el líder libio y la Argentina..

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