Por Marcelo Camtelmi.Mostafa Hussein es simpatizante del presidente Assad. Con su ejército particular está listo para pelear por él
El hombre con un cierto parecido con el actor Dani De Vito y que fuma un enorme puro Cohíba auténticamente cubano, es un ex diputado libanés que acaba de formar su propio partido político con milicia armada incluida. “Como debe ser”, explica a Clarín . Se llama Mostafa Hussein y es un declarado y poderoso simpatizante del régimen sirio aunque quizá algo ecléctico: en una vitrina de su oficina están las fotos del presidente Bashar al Assad y del líder de Hezbollah Hassan Nasrallah, pero cerca de ellos ha puesto la del asesinado ex premier libanés Rafik Hariri, de cuya muerte se ha acusado alternativamente a alguno de aquellos, a ambos o a ninguno. Mostafa Hussein vive o por lo menos recibe, no quedó claro, en una espectacular residencia aún en proceso de decoración, rodeada de un muro interminable enclavada en esta aldea fronteriza desamparada, donde el único negocio parece haber sido toda la vida el contrabando.
Para llegar a esa casa se debe atravesar el caserío de los campesinos y los campamentos de ranchos de tela y maderas de los trabajadores del campo, armados junto a los surcos. Una reja vigilada por un gigante de aspecto amable da paso a un largo camino de tierra en medio de flores y arboledas, hasta un espacio central. Allí, al lado de una enorme magnolia, se levanta el edificio de varios pisos y escalera amplia redonda, de mármol y madera. En el lugar hay una docena de sujetos repartidos por los rincones o junto a la puerta que parecen escapados de una hinchada de presidarios, algunos de ellos con la culata visible de la pistola que llevan atrás en la espalda , apretada contra el cinturón, como en las películas de Bogart.
Si en un sector de este litigio están los salafistas con sus jefes fanáticos, como resumimos hace poco en la entrevista al partidario de Al Qaeda Omar Bakri, éstos son los que están en el otro bando, claramente. Hussein, un alauita, la secta del régimen sirio, echa la culpa a esos fundamentalistas de todo lo que sucede en Siria y en el resto de mundo árabe y los acusa de ser parte de la CIA y de cuanta sigla parecida recuerde. “Han lanzado una guerra fría, naturalmente de baja intensidad, para destruir a Siria. La intención en todos lados es apoderarse de la riqueza de estos países, privatizar sus recursos, todas las empresas”, asegura.
-¿Quien lanzó esa guerra?
-Bueno, el régimen que manda armas a los terroristas ya sabemos que es Israel. Derrocan gobiernos, ponen regímenes adictos, y buscan hacer lo mismo aquí, mandan a estos wahabitas (extremistas islámicos) que quieren destruir a Siria y al islam.
El partido político de Mostafa Hussein, quien llegó a la cámara como político independiente, según aclara, se llama Movimiento Popular Libanés, “y tiene un ala militar” , reitera como si fuera normal y cita el caso de Hezbollah, que es un partido y a la vez una poderosa milicia shiíta.
El ex diputado ha puesto las banderas de su movimiento y la de Líbano en la oficina, detrás de un enorme escritorio en el que el hombre por momentos parece desaparecer. Mostafa, que ha perdido casi todo el cabello, viste una remera oscura, y tiene un reloj negro cargado de piedras y colores dorados y un enorme anillo en la mano, con la que sostiene el cigarro que ha llenado de humo el lugar. Es la que usa para enfatizar sus palabras.
La defensa que hace de Hezbollah, un grupo que se niega a desarmarse pese a las crecientes presiones internas para que el Estado sea el que monopolice la fuerza, se suma a otra disidencia respecto a la posición del gobierno libanés de neutralidad frente a la crisis siria. Para este dirigente, como para gran parte de quienes tienen poder territorial en esta zona fronteriza, Líbano no puede estar aparte en esta crisis.
“Cómo se puede ser neutral cuando se está intentando destruir a un vecino” , se pregunta sin esperar la respuesta. El punto es importante porque marca la línea que, si se cruza, podría provocar un nuevo desastre en Líbano.
Hace poco estalló aquí un escándalo cuando el ex ministro libanés de información Michel Samaha, un aliado de Damasco y de Hezbollah, fue arrestado después de que las autoridades se incautaran explosivos destinados a “provocar matanzas interconfesionales y actos terroristas”, según el informe judicial. Mostafa Hussein mueve la cabeza y le dice a Clarín que “todo eso es mentira. Es una fabricación para arruinar la imagen de Hezbollah y de Siria”. El pasado reciente palpita en todo esto. Ensangrentado por una guerra civil entre 1975 y 1990, Líbano estuvo ocupado durante tres décadas por Siria, que finalmente retiró sus tropas en 2005, bajo presión internacional, como consecuencia justamente del aquel atentado contra Hariri. No es difícil adivinar por dónde están quienes se siguen oponiendo a cualquier costo a aquella retirada.

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