Frases de una pasmosa obviedad

Las frases autoexculpatorias que los funcionarios responsables pronunciaron por la tragedia de Once están a punto de entrar en el Libro Guiness . O ya lo hicieron.

A las ya conocidas del ex secretario de Transporte se agregó ayer otra, de pasmosa obviedad. La autoría le corresponde, esta vez, al ministro De Vido y fue dicha en el discurso que pronunció en el acto de asunción del reemplazante de Schiavi, Alejandro Ramos.

Recordemos las que se dijeron ese día aciago: 1) si el accidente hubiera ocurrido un día feriado, los muertos hubieran sido menos ; 2) hubo tantas víctimas en los primeros vagones por esa costumbre argentina de apretarse allí para poder salir más rápido del tren y ganar tiempo para llegar a sus trabajos u obligaciones.

Ahora, De Vido añadió un galimatías, es decir usó “lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas”, según la definición del diccionario.

“Nunca se contabilizan las muertes que no se producen ”, espetó el ministro en un intento de ejemplificar que las mejoras en las rutas que su ministerio terminó o mejoró salvaron vidas. Resulta bastante obvio que no se puede contabilizar algo que no ha ocurrido. Aun dicha desde la mejor intención, después del terremoto que provocó en el Gobierno el accidente, es una frase no sólo obvia, lo que sería lo de menos, sino que esconde otro intento autoexculpatorio .

No está en tela de juicio toda la gestión de De Vido –puede ser debatida en otro momento– sino la política ferroviaria que se vino desarrollando hasta aquí.

Anunció una “nueva etapa”, sólo con el cambio de Schiavi ( a quien convirtieron en el chivo emisario del desastre ) mientras mantienen a toda la segunda línea. Y ratificó la política de subsidios: ahora será transparente, dijo, reconociendo que hasta ahora era todo lo contrario .

Cabe aquí la frase de Ernest Hemingway: “Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar ”.

Comentá la nota