El lado B de los candidatos: Francisco Pérez se postula por el peronismo y en la charla con él afloran a cada rato sus lazos familiares: sus padres fallecidos, la presencia de su esposa y sus hijos. Fan de los Redonditos, dice que gasta en vinos y viajes.
“Sí, voy cargando la escopeta. Soy tranquilo, pero advierto. Voy a una reunión y les digo: ‘Ordenen la agenda’; voy a la segunda reunión y les digo, ‘Ordenen la agenda’. En la tercera, ya salto”. Asiente y dice que su mayor defecto es el ser calentón. O pasional, prefiere decir. Pero que no le preocupa, que siempre ha sido así, desde chiquito. Tragedias tempranas le templaron el carácter. Pero ya tocaremos ese punto.
La entrevista es en un restaurante de Maipú. Allí luce informal, y no se lo ve tostado como sí en los afiches de campaña: “Le pusieron tanto Photoshop que parezco muy bronceado. No me siento representado por esa fotos. Pero tampoco me preocupa. No soy vanidoso”.
-¿Qué es lo peor del trajín de estos días?
-¿Sabés qué me angustia? No ver despiertos a mis hijos (Isabel de 2 años y Francisco de 5 -junto a él y su esposa en la foto-). Me voy cuando están dormidos, a las 7, y llego cuando están dormidos, pasada la medianoche.
Otra cosa: hace tiempo que con mis amigos que no son de la política no me puedo juntar a tomar una copa de vino. Es más, tengo un gran amigo, Matías Roby, que cumplió años justo el día de la pelea de Yésica Marcos en San Martín (Roby es el médico de Marcos); yo estaba allí y no lo saludé, me olvidé de su cumpleaños. Esas son cosas que tenés que ceder.
Pérez seguirá hablando de sus afectos. Es el turno de recordar a sus padres. “Cuando me den el resultado de la elección, me voy a acordar de ellos. Me hubiese encantado que me vieran en este momento. Pero sé que estoy acá por ellos”, corta la voz. Asoman lágrimas. Esos segundos de silencio no incomodan.
Su mamá murió cuando tenía cinco años, su padre a los 20 de Paco. Lo criaron sus hermanas mayores. De hecho, es lo que más sufrió del Liceo Militar.
“Extrañé mucho mi casa… Fue justo en la etapa de la adolescencia, donde uno suele pelearse por tonteras con sus papás. Bueno, yo me llevaba mal un fin de semana con mi viejo y tenía que esperar toda la semana para volver a verlo y reconciliarme. Terminé el Liceo y falleció. Siento que me robó tiempo para estar con él.
-¿Mandarías a tus hijos al Liceo Militar?
-No, hoy no. Buscaría un lugar de más integración.
Su padre fue político en la época de Frondizi y de Illia. Y siente que lo que le toca en suerte, este presente, es una suerte de posta.
“Mirá: que Cristina me haya llamado para que la acompañe a New York en su última gira, sin que nadie lo opere políticamente, eso -entre otras cosas- me hace pensar que estoy tocado con la varita. Son mis viejos desde allá, pienso. También recuerdo mucho a mi cuñado más chico. Mi mujer tenía un hermano menor, que se mató a los 29 años, en un accidente de autos. Éramos muy amigos”.
De allí en más, cada vez que el ex ministro de Infraestructura se refiera a su esposa le dirá Celina sin más, o Celi. Por ejemplo, dirá que Celina le dice qué tiene que ponerse, o que “Celi” fue la primera que le advirtió que tenía cara de cansado en las entrevistas.
Y también dirá, más tarde: “Es un poco celosa la Celi”. “A veces vas a reuniones con sindicalistas -retoma- o con la cámara de comercio, no ves una mina ni de canto, y ella te pregunta con quién estuviste, etcétera. Pero, más allá de su estado de ‘atención’, me da un gran voto de confianza”.
-¿Qué aprendiste de ella después de 11 años?
-Somos muy parecidos en la sensibilidad. Nos potenciamos en ese hilo conductor. Entre nosotros nos decimos que somos los ‘hombres sensibles de flores’ frente a los ‘refutadores de leyendas’ del libro “El Angel Gris” de Dolina. Me fortalecen mucho sus críticas.
-¿Una película que te haya hecho llorar?
-“Cinema Paradiso” e “Il Postino”, dos italianas. La última que fui a ver fue “Juan y Eva”, muy buena. Voy poco al cine porque tengo hijos chicos y se complica.
-¿En qué te gusta gastar?
-Libros y hasta hace poquito, vino. Hasta que no me tome todo, no compro más porque se me van a echar a perder. Y viajar. Prefiero tener una Meriva 2006 y no una 4x4, y gastarme eso en viajes.
Paco, el ricotero
Quiso ser psicólogo durante sus años de secundaria y antes, en la primaria, bombero. Ya militante, la ilusión fue ser gobernador: “Es un desafío más importante que ser presidente, porque es tu pueblo, tus raíces”.
Pero antes, hubo tiempo para “disfrutar la vida”. Tras sufrir el rigor del Liceo, estudió tres años en la Facultad de Derecho de la UNCuyo y luego, huérfano, partió a Santa Fe, a terminar la carrera.
A encontrar una vida. Allí, soltero, salía a bailar seguido e iba a recitales. Es ricotero, Paco Pérez. Fue a dos show del Indio. “La costumbre de seguir al rock nació en Mendoza, con el Amnesty 88. Fue la primera vez que viajé a dedo”.
-¿Cómo eras en tu grupo de amigos?
-Era el jodón, sin dudas. En cualquier ámbito era el alma mater de la diversión. Me he reído mucho con los muchachos de la universidad. Pero esto tendría que ser off the record, porque si no mi mujer me va a volver loco.
Ríe solo. “De sus picardías se acuerda”, dirá su colaborador. Medio en serio, medio en broma.


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