Traje negro, camisa blanca, corbata colorada encendida. El uniforme de campaña del candidato presidencial de los sueños perdidos en Francia.
Este portavoz de la bronca y de las ilusiones perdidas francesas está forzando a “Monsieur sentido común”, el socialista Hollande, a cambiar su tono, a proponer un impuesto del 75 por ciento a toda persona que gane más de un millón de euros por año. Su relación personal es complicada: Melenchon se sintió humillado por él cuando su propio partido lo abandonó a su suerte y Francois era el secretario general. Las negociaciones serán difíciles y delicadas.
Melenchon Superstar. Una categoría impensada para este diputado europeo, con formación trotskista, de 61 años, conseguida con su llamado a la “insurrección cívica” y una evocación a “los tiempos de las cerezas y los días felices”, en una síntesis entre la revolución de 1871 y el 10 de mayo de 1981, cuando el socialista François Mitterrand ganó las elecciones con la izquierda unida. Una plaza de la Bastilla repleta con 120.000 personas, envueltas en el gorro frigio republicano y miles de banderas rojas. La escena se repitió en la plaza del Capitole, en Toulouse, que el último en llenarla fue el general De Gaulle. Nadie duda de que el mismo escenario lo enmarcará el próximo sábado en Marsella o el 19 de abril en París.
Con una voz grave, con flirteos de Malraux y De Gaulle, Melenchon vuelve a hacer sonar a los comunistas, a los socialistas desencantados, a los obreros en overol con temor al futuro, a los jubilados, a los asustados de la distancia de los otros candidatos frente a sus dramas cotidianos, a la clase media empobrecida. Hasta consigue cambiar de idea a los que estaban dispuestos a votar al Frente Nacional.
Una “aspiradora”, a derecha y a izquierda , que es funcional a Sarkozy para limar a Hollande.
“Genio de la Bastilla que culmina sobre esta plaza. Nosotros estamos de regreso, el pueblo de las revoluciones y de las rebeliones de Francia. Nosotros somos la bandera roja”, declamó. La plaza de la Bastilla deliraba, feliz, en una nube colorada de agitación insurgente. Hasta Melenchon se emocionó con su propio discurso frente a la multitud.
“El pequeño Chávez a la francesa”, tituló el conservador diario Le Figaro en su retrato. Como él, Melenchon diaboliza a Estados Unidos y al dólar, acusa a la OTAN de ser “el instrumento número uno de su hegemonía” y asocia a La Internacional Socialista, a la que pertenece Hollande, a “los liberales”. Sus otros paradigmas son China y los países emergentes.
Una solución “a la argentina” para la deuda , y una reivindicación de la Bolivia de Evo, el Ecuador de Correa y la Nicaragua de Ortega. “Melenchon nos muestra un nuevo camino. Como en América Latina. Si no es esta vez, será la próxima”, sintetiza Yves, uno de los tantos que lo acompañó en la Bastille cantando La Internacional.
Un aumento del salario mínimo inmediato a 1.700 euros de los 1398 actuales, un regreso a los 60 años como edad de jubilación, legalización de 800.000 empleados precarios en la función pública serían las primeras medidas que Melenchon promete si llega al poder. ¿Voto Sueño o Voto Util? El dilema de la primera vuelta el 22 de abril en Francia. Los más jóvenes y los viejos comunistas están unidos por la ilusión frente a Melenchon. Sienten que se va a ocupar de ellos. Para ellos, el voto útil es Melenchon.


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