El canciller Alain Juppé pidió una zona segura para proteger a civiles de la represión de Al-Assad
PARIS.- Después de que la intervención de la OTAN posibilitó el triunfo rebelde sobre el régimen del dictador libio Muammar Khadafy, Francia se transformó ayer en la primera potencia occidental que sugiere una intervención internacional en Siria desde que comenzó la revuelta de ocho meses contra el presidente Bashar al-Assad.
El ministro de Relaciones Exteriores francés, Alain Juppé, que propuso la idea, dijo que buscará apoyo árabe para crear un corredor humanitario en Siria que permita proteger a los civiles de la represión del régimen de Al-Assad, que ya dejó unos 3500 muertos desde el inicio del levantamiento.
"Si es posible tener una dimensión humanitaria para una zona segura de protección de los civiles, entonces ése es un tema que tiene que ser estudiado por la Unión Europea (UE), por un lado, y por la Liga Arabe, por el otro", afirmó.
El canciller francés descartó una intervención militar para crear una "zona neutral" en el norte de Siria. Sin embargo, sugirió que sería posible una "zona segura" para proteger a los civiles y llevar ayuda humanitaria.
Además, propuso enviar inspectores internacionales para proteger a los civiles, con o sin permiso de Al-Assad, pero reconoció que los convoyes necesitarán defensa armada. "Hay dos maneras posibles. Una es que la comunidad internacional, la Liga Arabe y Naciones Unidas logren que el régimen permita esos corredores humanitarios. Pero si no es el caso [...] debemos analizar otras soluciones [...] con veedores internacionales", agregó.
No se conocieron más detalles de la propuesta francesa. Hasta ahora, las naciones occidentales impusieron sanciones económicas contra Siria, pero no mostraron interés en intervenir en el país, integrado por diferentes grupos religiosos.
"Los franceses intentaron situarse en una posición de liderazgo, primero con Libia y ahora aquí", dijo Hayat Alvi, analista de Medio Oriente del Colegio de Guerra Naval norteamericano. "La intervención militar en Siria es una perspectiva muy distinta de la de Libia, pero podríamos ver un aumento en las operaciones encubiertas", agregó.
Después de meses en que la comunidad internacional parecía decidida a evitar cualquier rol directo en uno de los países clave de Medio Oriente, el consenso diplomático parece estar cambiando. La Liga Arabe suspendió la membresía de Siria hace dos semanas, tras acusar a Al-Assad -un aliado cercano del presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad- de no cumplir con su promesa el 2 de noviembre de detener la violencia y retirar las tropas de las ciudades.
Además, Gran Bretaña dijo saludar la propuesta francesa y repitió su petición para que Siria acabe con la violación de derechos humanos.
Críticas turcas
En tanto, en unas fuertes declaraciones que mostraron la ansiedad mundial ante el peligro de que uno de los países clave de Medio Oriente se sumerja en una guerra civil, el presidente turco, Abdullah Gül, dijo ayer que la violencia en Siria podría arrojar al mundo musulmán "a la oscuridad de los años medievales".
"Hemos llevado a cabo esfuerzos colosales en público y privado para convencer a los dirigentes sirios que lideren una transición democrática. La violencia alimenta la violencia. Ahora, desafortunadamente, Siria ha llegado a un punto de no retorno", agregó el jefe de Estado turco.
Un día antes, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, había acusado a Al-Assad de "cobardía" por apuntar sus armas contra su propio pueblo, lo había comparado con Adolf Hitler en Alemania y Benito Mussolini en Italia, y le había pedido sin rodeos que se fuera.
En Bruselas, un diplomático de la UE dijo que los gobiernos del bloque de 27 países estaban considerando diversas sanciones contra Siria, que prohibirían invertir en sus bancos, operar con los bonos de su gobierno y vender garantías a sus organismos estatales, entre otras medidas.

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