El Ministerio de Trabajo impugnaría la elección del 12 de julio y la oposición llamaría a un nuevo congreso; tres sectores en pugna
Hugo Moyano ya tuvo su Plaza de Mayo . ¿Y ahora? Ni él ni el Gobierno se quedarán de brazos cruzados a la espera de un gesto que pueda hacer resurgir de las cenizas una alianza estratégica que duró casi nueve años. La próxima batalla es inmediata: será por la CGT.
En un puñado de días existirán tres CGT. Será así, definitivamente. Pronto, la fractura quedará escenificada y bajo las siglas de la CGT se anidarán diferentes grupos: el moyanista; la central Azul y Blanca de Luis Barrionuevo, y el bastión kirchnerista, encabezado, tal vez, por el metalúrgico Antonio Caló o el taxista y ex moyanista Omar Viviani.
De esta manera, se concretará en los papeles lo que ya es un hecho en el trato cotidiano, con dirigentes ocupando cargos en la cúpula cegetista, pero que durante años no pisaron jamás la sede de Azopardo 802.
El Ministerio de Trabajo está cada vez más convencido de impugnar el proceso electoral que activó Moyano para la elección cegetista del 12 de julio . A partir de la denuncia de cuatro gremios opositores, la cartera laboral sospecha que se falsificó el quórum de la reunión que validó la convocatoria a las urnas. En medio de la abierta disputa, la maniobra quedará como un eslabón más del enfrentamiento y no como un llamado de atención para transparentar la democracia sindical.
No bien el Ministerio de Trabajo se expida sobre el asunto, el antimoyanismo llamará a un congreso propio y montará su propia CGT. Así lo resolvió anteanoche en un encuentro en la sede del gremio de Comercio.
Contaría con 19 de los 35 miembros del actual consejo directivo para dar este paso. Es decir, se garantizaría la mitad más uno, el número mínimo de congresales, según lo establece el estatuto de la central obrera. Este sector logró algo inédito: obtuvo el apoyo de José Pedraza, que, desde prisión, nominó a Mario Rodríguez como su representante en nombre de la Unión Ferroviaria. También maniobró para quedarse con la representación de los mecánicos de Smata y ya orquestó una estrategia para anular el voto de los bancarios, que están hoy del lado del camionero.
Moyano les destinó un mensaje a sus opositores. "Serán los ministros del Poder Ejecutivo en la CGT", dijo por los últimos encuentros entre dirigentes gremiales y funcionarios kirchneristas.
Límite al moyanismo
En medio de esta disputa, Moyano comprobó ayer que su poder tuvo un límite. Su capital político y gremial quedó reducido a unos pocos aliados. Sufrió la fuga hasta de sindicatos que lo acompañaron en el mítico MTA, durante los 90. Ni siquiera pudo ayer cristalizar su alianza subterránea con Luis Barrionuevo, o dejar de lado sus diferencias e invitar formalmente a la CTA de Pablo Micheli.
Barrionuevo y su tropa de 56 gremios que integran la CGT Azul y Blanca adhirieron a la marcha, pero se movilizaron sólo hasta la esquina de Avenida de Mayo y 9 de Julio. El jefe gastronómico rechazó subirse al escenario y ser fotografiado junto al camionero. No le gustó que haya un solo orador. El también quería su Plaza de Mayo.
Barrionuevo también anhela el liderazgo de la CGT de Azopardo. Por eso mantiene abierto el juego con el antimoyanismo e insiste en que la alternativa más viable para el futuro sería la de un triunvirato, con un referente de cada sector en la conducción. Es poco probable.
En medio de este berenjenal, Moyano apuesta a conservar el sillón de mando, a pesar de que cada vez son más los dirigentes que decidieron tomar distancia y que desde el Gobierno minaron todos los puentes de diálogo..







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