Del fracaso al grotesco

Las explicaciones desplegadas en indagatoria por el ex secretario de Turismo Edgardo Ávalos para justificarse porque en una cuenta bancaria suya había sido depositado un cheque de los créditos FONDETUR endosado por la beneficiaria son fantásticas.
El ex funcionario aseguró que la maniobra fue en realidad una gentileza para que la mujer, que carecía de cuenta en el banco, pudiera cobrar los 75 mil pesos del cheque en forma inmediata. Todo un caballero este Ávalos: le hizo endosar el cheque a la mujer, lo depositó y lo cobró por ventanilla para que ella no padeciera demoras de ninguna naturaleza y se llevara la plata. Según dijo, tiene un recibo que probaría que le entregó la suma a la beneficiaria, quien sería convocada como testigo para corroborar la historia. Pero más allá de lo que ocurra, las manifestaciones que el ex responsable del área de Turismo realizó ante el fiscal antes de que lo liberaran el sábado revelan los lamentables criterios con que se manejó la política turística provincial. Confirmado que el cheque ingresó en la cuenta de Ávalos, las alternativas no son muchas: o el hombre cobró una coima o, si lo que dice es cierto, es un incompetente que no tenía la menor idea de las consecuencias de lo que hacía. Incluso si se confirma que hubo coima -ya lo dirán las autoridades judiciales-, la incompetencia es palmaria: el sujeto dejó los dedos marcados con una torpeza difícil de empardar.

Es una crueldad, de todos modos, ensañarse con Ávalos. Hay acá una responsabilidad política central que es la del ex gobernador Eduardo Brizuela del Moral que lo puso al frente de la Secretaría de Turismo. Ávalos, que en la más bienintencionada de las interpretaciones quiso hacer un favor, confirma con su versión que no estaba en condiciones de ser funcionario. No lo hace, por cierto, a propósito. Supone que la versión ensayada en tribunales lo exculpará y debe estar bastante inquieto por su futuro, aparte de arrepentido por haber sido tan gentil con la beneficiaria del FONDETUR. El caso es que Brizuela del Moral lo designó en un área que él mismo y sus acólitos promocionaban como clave, para reemplazar a la polémica Catalina Krapp. Con esta gente gestionaba Brizuela del Moral: gente capaz de prestar -otra vez: en el mejor de los casos- cuentas bancarias personales para que circularan por ellas recursos del erario. Es como si el propio Brizuela del Moral hubiera prestado su cuenta para que un contratista, apurado y sin cuenta propia, pudiera cobrar en efectivo. De ahí: por corrupción o por incompetencia, la política de turismo no podía ser más que un desastre y un fracaso. Ávalos y su fantástica defensa es la expresión grotesca de lo dicho.

La candidez de Ávalos, sin embargo, no es tanta como para impedirle advertir la comprometida situación en que se encuentra, ya sin el amparo del poder. En breves declaraciones que le hizo a El Ancasti mientras lo conducían esposado a declarar, señaló su disconformidad por el hecho de que la investigación judicial no avance también sobre la gestión de Catalina Krapp, que lo precedió en la administración de la Secretaría de Turismo. Los FONDETUR comenzaron a entregarse en 2004, apenas Krapp fue ascendida a secretaria de Estado bajo la órbita directa de la Gobernación. Es decir que hay mucho para rastrillar todavía, pues en los siete años que duró el programa se entregaron millones para inversiones cuyo impacto no se nota. Turismo se ha transformado hoy por hoy en el flanco más vulnerable de la gestión de Brizuela del Moral, el que muestra con más claridad que ninguno los yerros políticos. Millones de pesos erogados para hosterías que no pueden arrancar mientras se dejaba caer a pedazos las que había, fortunas en viáticos y créditos repartidos sin controles. Las decisiones políticas del ex gobernador, que designó y sostuvo a funcionarios que carecían de aptitudes para las responsabilidades que se les asignaban, configuraron el escenario para el escándalo. Mal empezó y pésimamente acaba.

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