"Fracasamos y nos vamos"

(Winifreda) Rubén Sailer dejó la concesión del hotel Epu Pehuén, propiedad de la Cooperativa Eléctrica de Winifreda (CEW). El alejamiento del gastronómico se produjo un año antes de que venciera el contrato que había firmado con la entidad solidaria y que tenía una vigencia de dos años con opción a uno más.
Sailer junto a su esposa Edith Brendle -nativa de Winifreda- había tomado posesión del complejo hotelero el 25 de marzo de 2009 tras ganar la licitación de la concesión al ofertar un canon mensual de 3.200 pesos más IVA y se retiró el martes 1 de junio de 2010. La debacle del ex concesionario empezó a notarse en diciembre del año pasado cuando tomó la decisión de atender sólo el hospedaje y desatendió el restaurante del hotel porque alquiló una parrilla ubicada a unos 800 metros al norte del arco de entrada a esta localidad, comercio que atiende en la actualidad con sus hijos y señora.

Antes de abandonar el emprendimiento hotelero, Sailer habló con LA ARENA. "No me siento muy bien porque lamentablemente no pudimos llevar adelante el programa de trabajo que le habíamos propuesto a la cooperativa", fueron sus primeras palabras. Luego agregó: "Nos faltó apoyo en la hotelería, la gente veía que el hotel estaba muy lindo pero no participaba activamente de las fiestas que nosotros organizamos".

-¿Está arrepentido de haber ofertado un canon elevado comparado con el resto de los oferentes que en 2009 compitieron por la concesión?

-No, si el negocio hubiera funcionado ese importe no representaba nada.

Sailer dijo que se marcha reconfortado porque en 2009 recibió el hotel en condiciones deplorables y el martes entregó sus instalaciones internas en perfecto estado de conservación y limpieza. Tuvo que pagarle a la CEW una multa de casi seis mil pesos por rescindir el contrato de concesión antes de que caducara

-¿Siente, entonces, que fracasó comerciante?

-Sí, el fracaso está a la vista. Lo que no queríamos era seguir endeudándonos y que el día de mañana la cooperativa nos haga un juicio para cobrarnos. Quisimos irnos con la frente alta aunque con muchos nervios en el estómago.

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