Formosa entre provincias con déficit democrático

Desde hace años investigaciones periodísticas y académicas se vienen planteando si las provincias argentinas son democráticas. Un estudio ubica a Formosa entre un grupo de provincias con un alto déficit de democracia. La evidencia de otras partes del mundo muestra que, aun en países claramente democráticos a nivel nacional, existen regiones en los que el autoritarismo se mezcla con, y a veces eclipsa a, la democracia.
Argentina responde a ese patrón. Aunque todas nuestras provincias gozan de un piso de institucionalidad democrática, es claro que hay diferencias importantes entre ellas en las dos dimensiones clave de la democracia liberal: la competencia electoral razonablemente igualitaria por el poder y los pesos y contrapesos que limitan el abuso del poder.

Por ejemplo, la limpieza del acto electoral en sí mismo es generalmente bien evaluada. No ocurre lo mismo con la igualdad en las condiciones de competencia. En muchas provincias el oficialismo cuenta con exageradas ventajas electorales, no sólo por sus muy superiores recursos de campaña, sino también porque la cobertura de los medios provinciales está claramente sesgada en favor de sus candidatos. Uno de los aspectos más débiles de la democracia provincial es la división de poderes: con pocas excepciones los Ejecutivos provinciales concentran gran poder y enfrentan escasas o nulas limitaciones de los poderes legislativos y judiciales.

Tampoco las agencias de control -tribunales de cuentas, fiscalías de Estado- cumplen con efectividad su tarea. A esta deficiencia del control institucional se suma la frecuente debilidad del control social, especialmente el ejercido a través de los medios de comunicación.

Expertos de varias provincias coinciden en que los medios son exitosamente controlados, presionados y/o sobornados por el gobierno provincial.

En clave más optimista, en ningún distrito prevalecen las prácticas autoritarias más duras: los gobiernos no asesinan ni encarcelan a políticos y periodistas opositores y, en general, no discriminan a sus habitantes por motivos religiosos, raciales o sexuales.

Sí, en cambio, algunas policías provinciales se exceden con preocupante frecuencia en el uso de la fuerza.

Tomando en cuenta todos los aspectos evaluados, surge que la CABA y las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza y Santa Fe ostentan regímenes básicamente democráticos. En el otro extremo, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, San Luís, Santa Cruz y Santiago del Estero presentan déficit importantes en varios de los aspectos mensurados. Las evaluaciones de los expertos coinciden a grandes rasgos con indicadores objetivos que la ciencia política utiliza para evaluar niveles de democracia, tales como la competitividad electoral, la rotación en el poder y el tamaño de las mayorías legislativas.

En Formosa, La Rioja, San Luis y Santa Cruz, por ejemplo, ha gobernado el mismo partido desde 1983, a menudo con mayorías electorales y legislativas sospechosamente abrumadoras. Entre Ríos o Mendoza, en cambio, han tenido desde 1983 elecciones siempre competitivas, varias rotaciones en el poder y legislaturas con representación importante de la oposición.

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