Formas de seducción

Por Jorge Fontevecchia

CRISTINA-BOUDOU. Ella, como su marido, conduce la economía del país; él hace campaña cantando y con un avión de la flota presidencial. Una inversión de roles.

El sueño de un político sería que el mercado deje de ser un lugar de veridicción de las políticas del gobierno –si son o no correctas– y ese papel quede exclusivamente asignado a las urnas. Las políticas de gobierno kirchneristas han sido revalidadas por aclamación en las urnas. Pero en el mercado no logran una aprobación tan contundente, hecho que se refleja en la persistente y creciente demanda de dólares y fuga de capitales, sumada a la relativamente baja inversión productiva privada, a pesar del espectacular crecimiento de la economía.

El ciudadano medio no percibe el padecimiento de las consecuencias. Probablemente, recién las irá sintiendo en toda su magnitud después de las elecciones. Pero la Presidenta da señales de haber tomado nota de esos “votos en contra” del mercado y desde su triunfo, con más del 50% en las elecciones primarias, y quizás gracias a ello, no pierde oportunidad para mostrar una actitud diferente hacia el capital. La UIA, la semana anterior; la Cámara de Comercio, ésta; el campo, ambas.

Es curioso que mientras la Presidenta asume el papel del ministro de Economía, Amado Boudou se ocupe de la campaña electoral con un novedoso método de estetización de la política: tocar la guitarra hasta en actos del Ministerio de Educación, en los que se entregan computadoras. El caso de Boudou agrega que viaja en aviones Tango como si ya fuera vicepresidente, para hacer campaña con dinero del Estado. Pero ya nadie se escandaliza con esos temas menores.

Cristina 3.0. La Presidenta no sólo parece haber asumido personalmente la responsabilidad de conducir la economía, sino que su impronta irradia sobre todos los temas, transmitiendo una sensación de gobernabilidad que contrasta con la percepción que de ella se tenía cuando vivía su marido. Probablemente, tanto aquella como esta percepción sean exageradas.

Es evidente que la muerte de Néstor Kirchner cambió la mirada que la sociedad tiene sobre la Presidenta. Y que ya ha pasado suficiente tiempo como para que el “efecto duelo” pueda ser la principal causa de ese proceso. Confirmando aquello de que lo superado está siempre presente en el superador, Cristina asumió simbólicamente los atributos totales de mando recién tras la muerte de su marido y una parte de sus votantes es integrada por quienes se sienten satisfechos con que ella encarne el rumbo trazado por el ex presidente, y la otra –la agregada– la componen aquellos que se sienten contentos con ella porque es diferente a su marido.

Como Néstor Kirchner, la Presidenta conduce la economía; a diferencia del ex presidente, su antagonismo con el capital y el mercado parecería ser –o intentar ser– más moderado. Esta tercera fase del kirchnerismo podría precisar sumar herramientas más ortodoxas de las que pudo darse el lujo de prescindir en el pasado, como una inversión privada más importante y acceso a los mercados internacionales de crédito.

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