San Luis (Pelr) 10-08-12. En la audiencia de ayer del juicio oral y público que se le sigue a José Correa, por el asesinato de las hermanas Lucía Zanón y Lorena Funes en la localidad de La Toma, hubo cuatro testimoniales, destacándose la del médico forense Ricardo Torres, quien durante más de una hora y media, respondió una batería de preguntas que le hicieron todos los partícipes del juicio.
Usando la ciencia y la lógica, bien coordinadas, Torres dejó por el piso las declaraciones testimoniales del médico policial Alfredo Samper Battini y la del comisario Hernán Soloa. Fue tan contundente su relato, que los miembros del tribunal y las partes, fueron haciendo preguntas y repreguntas durante más de hora y media, algo poco visto en los últimos juicios orales, al menos de relevancia pública.
Sobre qué tipo de vehículo pudo haber atropellado a las hermanas, Torres explicó que por las heridas en ambas, Lorena “fue arrollada por debajo del vehículo”, mientras que Lucía solo fue atropellada. Que el auto no pudo ser bajo ni alto, sino tener una altura -desde el piso del auto al suelo- media, más precisamente habló de “una camioneta” como el vehículo más lógico. Fue claro que si hubiera sido bajo, las heridas de Lorena, hubieran sido mayores, mientras que si hubiera sido alto, no hubiera logrado tantas heridas como las que tenía. Estas declaraciones del forense dejan fuera de escena al Ford Taunus perteneciente a Correa.
“Fueron degolladas con un arma blanca con mal filo, por las retomas que había en las heridas del cuello”, dijo Torres, para agregar que “fueron realizadas por la misma persona”. Según el forense, quien degolló a las hermanas, debió estar frente a ellas y no desde atrás, precisamente por las retomas observadas, y que ambas debieron estar acostadas boca arriba, por los coágulos que había en los límites de las improntas. Señalando que no había muestras de defensas, y teniendo en cuenta que no quedaron inconscientes por no haber golpes fuertes en las cabezas, fue consultado cómo se explica que no intentaron defenderse, a lo que respondió que porque “ambas eran tenidas por dos personas mientras otra las degollaba”. También aseguró que no fueron degolladas en el lugar, porque entre las dos debieron expulsar “nueve litros de sangre” y en el lugar no había una mancha hemática tan grande, por lo que pidió que se excavara la tierra para saber si había sido absorbida por la tierra, pero no le atendieron su pedido. Esto le hizo pensar que “fueron degolladas en otro lugar y luego transportadas hasta el lugar donde se encontraron”. Otro dato importante que dio, es que por la presión sanguínea “la sangre debió haber saltado a un metro por lo menos” y más aún “debió dejar mucha sangre en quien la degolló”. Sobre este último punto, hay informes que hablan de una persona atendida, ese día, en el hospital que llegó ‘bañado’ en sangre y que la policía no investigo, según lo dijo el propio Soloa. La pregunta del millón sería ¿Por qué esta persona no despertó sospechas en los investigadores?
Torres contradijo el testimonio del comisario Soloa, puesto que éste había asegurado que había sido una sola persona, mientras que para Torres fueron por lo menos tres, por lo que dijo que “dudo que haya sido una sola persona” y fue más allá cuando señaló que “creo que es imposible que haya sido Correa, por su contextura física”. También aseguró que no hubo arrastre de las hermanas, sino que las llevaron alzadas hasta el lugar donde las encontradas; cuando Soloa había hablado de que había sido arrastradas.
En la audiencia de ayer, se le preguntó a Torres, interrogantes que publicamos en la edición de ayer, sobre cuánto pudo haber tardado en hacer todo una sola persona y cuánto si hubieran sido más de uno. Para Torres, a una sola persona le tuvo que llevar “más de una hora” entre el atropellamiento y el esconder los cadáveres, mientras que más de una podrían haber tardado “unos 20 minutos”. Esto lleva a sostener que debieron haber testigos del hecho, porque es imposible pensar que nadie hubiera pasado por el lugar, un domingo y a esa hora.
Otro tema que ‘hace ruido’ es si fueron abusadas sexualmente o no y si hubo semen en los cuerpos -o al menos en uno de ellos-, tal como lo sostuvo Samper Battini en su testimonio. Torres fue claro en señalar que no encontraron semen en la autopsia y que, de haber habido, tendría que haber llegado hasta la morgue. El fiscal intentó saber si el semen estaba fuera de la vagina, si en este caso hubiera sido lógico que no lo vieran en la autopsia, a lo que el forense dijo que en ese caso podría haber llegado hasta la mesa de la autopsia sin poder observarse. Este intento de Néstor Lucero hubiera sido válido, si Samper Battini no hubiera dicho que esa “humedad” que detectó “salía de la vagina” de una de las mujeres. Nunca habló de que estuviera fuera de ella.
Finalmente, Torres hizo una “hipótesis de trabajo” sobre cómo pudieron ocurrir los hechos, bastante más coherente que el realizado por Soloa, pero que tiene algunos ‘agujeros negros’. Sostuvo que a las hermanas las atropellaron y pensando haber causado un daño más grande del real, decidieron asesinarlas para ‘salir del paso’. Luego las degollaron, pero en otro lugar, que pudo no haber sido tan lejos del lugar que la encontraron y finalmente las llevaron y las dejaron allí y las taparon. Aquí, lo que no cierra, es si las degollaron en otro lado ¿Por qué se las llevaron a otro lugar y por qué después llevarlas hasta allí y no hasta otro lado menos concurrido? ¿Tal vez las llevaban a un hospital y en el camino ocurrió algo que los obligó a cambiar de plan y por eso el asesinato ocurre en otro lado?
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