Podría tratarse del título de un nuevo culebrón caribeño, de los tantos que inundan la televisión sustrayendo el trabajo de los actores argentinos: “y la novela continúa”…En este caso se trata del novelón de los Fondos de Santa Cruz, que volvió a estar en la cresta de la ola cuando el ministro de economía santacruceño salio a decir que los fondos de la provincia que los Kirchner habían depositado en paraísos fiscales ya existían porque habían sido utilizados para amortiguar “el agobio financiero de Santa Cruz”, aunque no se podían dar precisiones respecto al destino final de los 535 millones de dólares.
Como era de prever, un contador despavorido volvió a correr a los medios para desmentirse así mismo mediante una versión totalmente distinta a la que había dado y que se interpretaron mal sus palabras. Y otra vez los periodistas caímos en la volteada por ser deformadores de la verdad..pero de la verdad oficial. De acuerdo a la versión número dos del ministro de economía de aquel estado patagónica de aquellos fondos quedan sin ser gastado 213 millones de dólares y 66 millones de pesos. En cuanto al resto “ni noticias y mas vale no preguntar.
Por si quedara algún desprevenido, debe recordarse que meses antes de las elecciones que permitieron ser Presidente a Cristina, por cadena nacional se anunció la repatriación de los fondos de Santa Cruz. Pero no se dieron precisiones en cuanto al monto repatriado y al destino que se le pensaba dar. Fue parte de otro misterio al estilo de Agata Christi, hasta que en este semana Diego Robles fue el responsable de un deschave que abre las puertas quizás al escándalo de la primera década del siglo XXI.
Y si de misterios se trata, nadie explicó hasta el día de hoy dónde fueron a parar los intereses de aquel capital de 535 millones de dólares durante casi diez años. ¿O se pretenderá hacerle creer al país que un depósito semejante no generó dividendos y en un banco internacional?
Es lógico entonces que el ciudadano común, sobre todo aquel que no come vidrio y compra buzones por estar en vía de extinción, se formule la pregunta más elemental de todas. ¿QUIEN SE QUEDO CON EL VUELTO¿
Nadie fue… pero los intereses no aparecen por ninguna parte contabilizados.
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