¡Tocó fondo!

¡Tocó fondo!
El TC Neuquino cerró el año sin poder correr por los puntos, ahora hay que revertir la complicada situación. La falta de autos fue el principal problema producto de cambios reglamentarios que encarecieron la categoría.
No siempre es malo tocar fondo. Pero es necesario tener el oxígeno suficiente como para hacer pie e intentar volver a la superficie. El TC Neuquino sufrió todo el año con un pobre parque y este mal endémico se agudizó en la última del año, cuando no pudieron reunir los seis autos que como mínimo estipula el reglamento para que las finales que definían el título fuesen válidas por los puntos.

Después de una exitosa temporada 2011, la categoría decidió invertir en potencia y eso, en automovilismo, tiene un costo importante. Además, la incorporación de las tapas de cilindros de aluminio, similares a las que usa el Turismo Carretera, llevó a que los motores desarrollen más de 250HP.

También se incorporaron pontones laterales, lo que obligó a realizar varias reformas estructurales en los autos, y los alerones traseros. Todo esto generó un importante costo extra.

Es cierto que el factor económico es un punto muy importante y en esto hay un amplio consenso por parte de los pilotos. Pero no todo se reduce a las cuestiones presupuestarias.

También se fue gestando dentro una división manifiesta: por un lado quedó el presidente Hugo Echavarri y por el otro, muchos pilotos, que coinciden en que es el momento para decidir qué hacer con la categoría.

Con un temperamento particular, pensante arriba como abajo del auto, Juan Manuel Trasarti –subcampeón 2012– dejó de lado la frustrada definición del campeonato en pista y aseguró que “no es correcto que pilotos se vayan como tampoco que comprometan su participación y luego no vengan. No podemos seguir así, no sirve si somos pocos”.

Otro que opinó fue el campeón Sandro Alessi: “Esto no está bien. La solución no está en bajar la calidad de los autos, no sé que va a pasar. Creo que el camino es unirnos con otras categorías similares de otras regiones (Supercar Pampeano)”.

Otros pidieron la renuncia. Uno de ellos fue Pablo Saladino, que además pidió dar marcha atrás a las costosas modificaciones. El centenariense Andrés Tomini pidió “un cambio drástico” y que “nos escuchen a los pilotos”.

El presidente no tiene pensado dar un paso al costado: “Quién va a agarrar”, dijo. Y le otorgó una responsabilidad importante a Alberto Pérez Nonnenmacher –ex vicepresidente–, “tejió entre las sombras”.

Aunque las diferencias entre el experimentado piloto y el dirigente de Centenario existen, suena un tanto exagerado que alguien pueda tener un poder supremo de convencimiento.

Los problemas internos más los altos costos no resultan atrayentes para que muchos autos que están parados se sumen.

El TC Neuquino es la categoría emblema del automovilismo provincial y la que a lo largo de la historia logró mantenerse. Las adecuaciones reglamentarias siempre generaron movimientos: sucedió cuando dejaron las gomas de calle para calzar slicks y abandonar los circuitos de tierra, cuando se bajaron los acompañantes y cuando se incrementó la potencia.

Luego de la frustrada definición del certamen que manchó la rica historia de la categoría, no queda otra que dejar las mezquindades de lado –en un ambiente súper egoísta– y utilizar los meses de receso para recuperar la categoría. Lo importante es que aún están a tiempo.

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