Un congreso sobre las bondades de cultivar marihuana ocupó los salones del hotel Sheraton, en plena temporada estival. Pretenden enseñar el autocultivo para no depender de los vendedores y asegurar la pureza del producto. En síntesis, mejicanear un negocio. El fiscal los vio, pero…
Es que desde lejos, suena sospechoso, y lo es. Suena a fraude, y puede serlo. Suena ilegal, aunque el fiscal diga que no resulta muy claro si hay elementos expuestos para encuadrarlo en el artículo 12 de la Ley Antidrogas. Pero bajo este manto de sospechas, los pretendidos vendedores de invernaderos para marihuana esconden una próspera industria que generará importantes ingresos para su propia cosecha, literalmente hablando.
Sucedió en el marco de un presunto congreso de tatuadores, ya que a estas alturas no se sabe si fue tal; un evento que se llevaba a cabo en un importante hotel cinco estrellas de esta ciudad. Allí podía presenciarse un congreso donde se exponían las bondades de cultivar uno mismo la propia especie de cannabis elegida, bajo el pretexto de no depender de la venta de terceros y tener perfectamente en claro cuáles son las características del producto que uno está consumiendo. Es decir que los cultivadores industrializados presentaban prácticamente los mismos argumentos que expondría un abuelo que se dedicara al riego personal de sus remolachas. O la abuela, cuando insume importante energía en fabricar el dulce de ciruelas para todo el invierno.
Pero la “Expo Grow”, que así se llama, no ha llamado a los consumidores a poner su propia semillita en una maceta y abonarla con la yerba usada del mate hasta que surja de ella una plantita consumible. La Expo Grow es una unión de expositores que proponen técnicas y herramientas preparadas específicamente, para maximizar el rendimiento de unas plantas que teóricamente se destinan para consumo personal. ¿Tanta necesitan?
Digamos que cuanto inquieto se acercara al hotel a ver las curiosidades que albergaba “Arte a flor de piel” -la Tatoo Convention 2012- se encontraba, hace apenas unos días, con una propuesta de invernaderos seguros, los “home box”, que se comercializan en diferentes tamaños, con el fin de que esas plantas de cannabis rindan más. Incluyen estructuras completas con paneles, sistemas de ventilación, iluminación apropiada, extractores, sistemas de riego, y más.
Los instrumentos se venden en un local de Buenos Aires que está en las inmediaciones de Plaza Serrano. Y sus titulares hasta dan detalles del negocio: “traemos las carcasas de afuera y los interiores los armamos nosotros”.
Obviamente, no debe constar en ningún lado que importan invernaderos de cannabis, sino de bonsáis u orquídeas. Vaya uno a saber.
Los valores que manejan para un invernadero van desde los $1.200 hasta los $8.000, pero con gran disposición ellos agregan macetas con guiadores de raíces para maximizar el cultivo, probióticos y sustratos, fertilizantes elaborados con guano de murciélago, cabra o conejo. Hay temporizadores para los sistemas de iluminación, líquido para controlar las plagas, secadores de flores, libros y revistas. Obviamente también había en el hotel stands con tuqueras de gran variedad, papeles de armar, pipas de diversa calidad y diseño estético, picadoras y armadoras automáticas.
Para peor, todo esto se desarrollaba bajo un discurso ya risueño: “muchas personas necesitan consumir por tratamientos médicos”. Querido amigo, un paciente de cáncer que pretende minimizar los efectos adversos de la quimioterapia con cannabis terapéutico (lo cual está en estudio) no se compra un invernadero de ocho mil pesos: consigue Sativex, el producto concentrado.
Parole, parole
El propósito de esta nota no es advertir sobre los riesgos del consumo de drogas, ya que el tema se encuentra fuera de discusión, y resultaría arduo e inútil pretender discernir entre las libertades individuales que prevé la Constitución Nacional, y el daño autoinflingido que debe ser evitado. Eso es materia de juristas. La cuestión seria -y necesaria- es hacer lo posible por desacreditar la falsedad.
El fiscal antidrogas Marcelo Blanco, en entrevista con la emisora 99.9, expuso que estaba al tanto de la realización de ese congreso, y que lo que allí estaba sucediendo “no da para una cuestión legal”, queriendo decir que, más allá de los acuerdos personales, no era posible establecer que se estuviera infringiendo la ley, no era materia punible, ya que no era evidente que se apuntara a la difusión o incitación al consumo ni a la comercialización de estupefacientes.
Pues bien. Agrega que sería bueno que se hablara también de los efectos adversos del cannabis. La cuestión es que, prácticamente, todo el mundo lo sabe. Nadie ignora que la marihuana no es sopa de verduras, igual que sabe que es malo beber en exceso o consumir cantidades exageradas de grasas, tener sobrepeso, conducir a alta velocidad o bajo los efectos del alcohol. No es un problema de ignorancia.
Lo que sí debe ser dicho es que no hablamos de un hobby, sino de un negocio montado, hecho y derecho. No en vano, la marihuana que se consume hoy está genéticamente modificada y ha aumentado la concentración hasta llegar a un 15%. Por eso, la comunidad internacional ya ha comenzado a rever el problema de la legalización desde una óptica más amplia, que no pasa porque uno tenga derecho a hacer lo que le da la gana, o no. Suecia dio marcha atrás en la liberación de la marihuana porque le resultó insostenible socialmente. Holanda modificará la tradición de que en los bares a tal fin hubiera permiso para consumir públicamente la sustancia. El proyecto del gobierno en Amsterdam consiste en transformar los cafés para el consumo de marihuana -los coffee shops- en clubes, cuyos miembros sólo podrán ser "ciudadanos mayores de edad de Holanda".
Por supuesto que está claro que por esta medida habrá un descenso de la cantidad de turistas que visiten Holanda, dijo el ministro de Justicia. Al fin y al cabo, se sabe que muchos sólo viajan a Holanda "para consumir tranquilamente cannabis en los cafés". Que Holanda se quiere sacar de encima la mala reputación como paraíso del consumo y la prostitución es una meta prioritaria para el gobierno que asumió en octubre pasado, con Mark Rutte, del VVD, como primer ministro.
En ese sentido, tal como fue anunciado en el programa de gobierno, se está impulsando la introducción en todo el país del "carné del club", que en el lenguaje popular se denomina wietpas, carné de marihuana.
Y así funcionaría: quien quiera consumir marihuana o hachís, si es mayor de edad y ciudadano holandés, podrá comprar un carné de miembro por un año, de un club de su elección. Cuando ingrese al local, se controlará si el wietpas corresponde al documento y ambos a la persona que lo presenta. Un sistema electrónico interconectado debe evitar que alguien consiga varios "carnés de marihuana", para de esta manera poder comprar más que los cinco gramos por día autorizados de productos derivados del cannabis.
Al pan, pan
Alquilar un espacio en el hotel Sheraton no es como conseguir una carpa por temporada. La organización se guía por la Starwood Convention Collection, que está compuesta por 32 de los mejores centros para reuniones y convenciones más grandes de Starwood Hotels & Resorts. Todos los hoteles de la Starwood Convention Collection se encuentran en los mejores destinos de Norteamérica, y ofrecen experiencias de convenciones o reuniones excepcionales mediante una combinación de incentivos, venden la “confianza indiscutida de los servicios para reuniones de Starwood”. Si el hotel forma parte de la cadena, y está a la altura de la empresa organizadora, es porque ofrece lo último en sofisticación, servicio y tecnología de avanzada: líneas ISDN, que permiten la mejor compatibilidad con los sistemas de telecomunicaciones; personalización rápida y simple de reuniones con rotafolios; pizarras blancas y otros materiales para presentaciones; videoconferencias con línea terrestre; entradas de puertos de datos ubicadas en el piso, proyector incorporado, y más servicios muy costosos.
Es decir que no hablamos aquí ni de la concentración de la sustancia, ni de las plantas hembras, que son más poderosas. No hablamos de si se puede o no tener una maceta en el patio. Ni siquiera de si uno tiene derecho o no a exponerse a los riesgos de la psicosis por tóxicos ni la esquizofrenia, efectos secundarios posibles del consumo. Ni siquiera se pretende decir que para sobrevivir al mundo en el que vivimos, se requiere un estado de alerta tan extremo, que obviamente no se obtiene del consumo del cannabis, ni de ningún otro yuyo. Lo que hay que decir es que alguien está arrendando un espacio costoso para proponer la adquisición de un nuevo fondo de comercio. Y proponerles tácitamente a los distribuidores que hoy ganan la moneda que deja encima la comercialización del porro, lo fácil que resultaría, con una inversión de menos de 8.000 pesos, la instalación del propio criadero, para así dejar de darle el dinero fuerte a los productores.
El congreso vende, en realidad, un fondo de comercio como cualquier otro, que no está precisamente destinado al consumidor que tiene una maceta en el living, con un la plantita que cuida con sus manos. Hablemos claro.
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