Si fuese verdad el 50% de lo que dijo la Presidenta, la Argentina estaría muy cerca de convertirse en Disneylandia, un territorio repleto de felicidad y alegría.
Anoche, durante una hora de discurso, la Presidenta habló de una industria nacional que solamente debe existir en sus sueños, ya que la Argentina es una mera ensambladora de partes que vienen del exterior. La dependencia de la economía del llamado “yuyito”, es decir la soja, es cada vez más pronunciada. El llamado valor agregado, prácticamente, brilla por su ausencia. En ese sentido, vanagloriarse de que la Argentina es líder exportador de aerosoles, como ayer lo hizo la primera mandataria, solamente puede ser considerado como un chiste de mal gusto.
Asimismo, resulta muy preocupante que la primera mandataria siga sin siquiera pronunciar una frase para referirse al principal problema económico que existe en nuestro país: la inflación, que está pulverizando el poder adquisitivo de los trabajadores. También estuvieron ausentes otros temas sensibles para la población, como la suba del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias y los topes de las asignaciones familiares (ver página 6).
Otro dato que llamó la atención, durante la extensa alocución de la primera mandataria, fue cuando se refirió a la industria de los juicios laborales y afirmó que “la parte más jugosa se la llevan los abogados. Sé de lo que hablo”.
Para aquellos que no saben, durante la última dictadura militar el matrimonio Kirchner, que estaba radicado en La Plata y decidió irse a vivir a la Patagonia, logró amasar una fortuna gracias a la denominada 1.050. Se trata de una resolución que llevó a que miles de ahorristas terminaran pagando tasas siderales o que debieran entregarle sus viviendas al banco o a prestamistas, ya que los intereses, fijados por un mercado de tasas que llegaron a más del 100 por ciento al año, tornaban impagables los créditos.
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