En foco: Mariotto, un exponente del golpismo conservador

Al vicegobernador Gabriel Mariotto se lo ve desencajado. Atrás parece haber quedado el perfil de hombre afable que supo tener en su época de académico en la Universidad de Lomas de Zamora o cuando recién había ingresado a la administración pública como funcionario para hacerse cargo de la Autoridad de Medios.
En foco: Mariotto, un exponente del golpismo conservador

Evidentemente, Mariotto está recibiendo fuertes presiones de la primera mandataria (que lo puso a dedo en la fórmula provincial) para arremeter con toda la furia posible contra Scioli, en lo que a todas luces es un proyecto destituyente orquestado desde la Casa Rosada para tratar de dañar a quien aparece como la principal opción, dentro del peronismo, para suceder a Cristina en el sillón de Rivadavia en 2015. Lo que resulta igualmente grave es que además de sus bravuconadas, más propias de un patovica que de un dirigente político, Mariotto también se metió con algo que evidentemente no conoce, como es la génesis del peronismo. Y cometió groseras manipulaciones.

El peronismo nada tiene que ver con el teatro under, como intentó asociarlo Mariotto el último sábado. La génesis del movimiento justicialista que fundó Perón se encuentra, en realidad, en el mundo del trabajo. Por eso no es casualidad que una de las 20 verdades del justicialismo, redactadas en 1950, diga: “No existe para el peronismo más de una sola clase de hombres: los que trabajan”. Y que otra de las verdades sostenga: “En la nueva Argentina el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”. Estas simples afirmaciones, que forman parte del legado que dejó quien fue tres veces presidente de la Argentina, muestra que el accionar del Gobierno nacional no tiene absolutamente nada que ver con el peronismo. Por ejemplo, la política de inclusión que llevó adelante el peronismo consistía en incentivar la cultura del trabajo, dar herramientas para que los ciudadanos puedan ganarse la vida con dignidad y propiciar las condiciones para que haya un mercado interno robusto, que permita a cada familia progresar en función de su propio esfuerzo. Todo lo contrario hizo el kirchnerismo, que ha llevado el asistencialismo a un grado tan extremo que hasta ruborizaría a los conservadores del siglo pasado.

El kirchnerismo ha desaprovechado ocho años de crecimiento macroeconómico y no ha creado trabajo genuino. Por eso han intentado disfrazar la desocupación real con asignaciones o planes sociales de empleo precario que no hacen más que condenar a miles de familias a vivir en situaciones de indigencia, a depender del asistencialismo del Estado y de los punteros de turno.

El vicegobernador, como sus jefes políticos que se encuentran en la Rosada deberían releer los discursos de Perón, y repasar con detenimiento el legado del fundador del justicialismo. Si lo hicieran, se daría cuenta que el kirchnerismo es algo totalmente distinto, más emparentado a un partido que, utilizando ciertas consignas de una izquierda vernácula, lleva adelante un política social y económica del más absoluto neoconservadurismo.

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