Nuevamente, la presidenta Cristina Kirchner realizó una puesta en escena, tratando de generar lástima por su marido muerto hace casi dos años, con frases tales como: "Me doy cuenta de que mucho sacrificio valió la pena, que el dolor valió la pena, aunque muchas veces se nos desgarre el alma, aunque muchas mañanas no tengamos ganas de levantarnos".
Cristina ayer estuvo en La Matanza y, a pocos kilómetros, en Bernal, partido de Quilmes, un humilde colectivero cayó muerto como consecuencias de las puñaladas recibidas por un grupo de jóvenes delincuentes (ver Trama Urbana), adolescentes que seguramente podrán votar en las próximas elecciones sin avanza este alocado proyecto de que se vote a los 16 años.
La ola de inseguridad que se vive en la Provincia tiene responsables, con nombres y apellidos. La lista la encabeza la propia Presidenta, cuyo gobierno no ha hecho absolutamente nada para que los jóvenes, como los que ayer mataron al trabajador para robarle una simple mochila, no tengan otra salida más que volcarse al delito.
Hay cientos de miles de jóvenes que no estudian ni trabajan. Sus familias sobreviven a duras penas con las miserables dádivas que se dan desde la maquinaria clientelística del Estado. Por eso, ante la falta de oportunidades, caen en el delito y la droga. Y muchos terminan con la capacidad intelectual absolutamente disminuida por consumir estupefacientes como el paco, que se venden como si fuesen caramelos en el territorio provincial. Esto también es la consecuencia por no contar con fuerzas de seguridad capaces de custodiar, adecuadamente, nuestras fronteras y combatir frontalmente el narcotráfico.
El Gobierno K ha destruido las fuerzas armadas, ha llevado su capacidad de acción a lo mínimo, y por eso vivimos en país absolutamente desprotegido.
El gobernador Daniel Scioli es otro que figura en la lista de responsables,un escalón abajo de la Presidenta. En ese sentido, es positivo que ayer haya salido a decir que su gobierno va a ir “contra los peces gordos” del narcotráfico.
Pero una cosa es prometer, y la otra realizar. Y para que haya acciones efectivas, es necesario un diagnóstico. Esto implica reconocer que la situación es extremadamente delicada, y para enfrentarla se requieren de planes estratégicos que adopten un camino radicalmente diferente al que está realizando el kirchnerismo.
Lamentablemente, el asesinato del colectivero ayer pasó casi inadvertido porque la ola de inseguridad ha llevado a que nos estemos acostumbrando a que, todos los días, ciudadanos decentes pierdan su vida a manos de la delincuencia.
Gran parte de la sociedad está como adormercida. Más de 140 mil personas pueden movilizarse masivamente, convocados por un millonario gurú hindú para meditar. Pero muy pocos son los que salen a pedirles a las autoridades gubernamentales que cumplan con la obligación de que el Estado cuide la vida de sus ciudadanos. No necesariamente esto implica salir a protestar o golpear cacerolas en la Plaza de Mayo. Las convocatorias se pueden hacer desde la asociaciones de la sociedad civil, como clubes, cooperativas y entidades del bien público, para exigir que no haya más muertes y se respete el derecho a la vida. Y en esto somos todos iguales, ya que una vida de un cartonero o desocupado vale exactamente igual que la de un poderoso empresario o la de la propia Presidenta.


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