En foco: La ola de inseguridad ataca de nuevo marcha inseguridad

En foco: La ola de inseguridad ataca de nuevo marcha inseguridad
Otra vez la ola de inseguridad sacude, con su peor cara, a la Provincia con el brutal ataque a un joven empleado, ocurrido anoche en un reconocido restaurante platense.
Fue el último episodio de una serie de hechos violentos registrados el fin de semana, que ponen de manifiesto que, lejos de ser una sensación, como reiteradas veces fue calificada por el Gobierno nacional, es una realidad concreta de la que prácticamente nadie puede escaparse. La inseguridad no distingue razas, religiones, sexo ni condición económica.

En las páginas de este diario hemos repetido, como una letanía, que la situación de violencia extrema que estamos viviendo es producto de la nefasta política económica del Gobierno, que ha desterrado la cultura del trabajo.

Hay millones de compatriotas que, por una decisión política de mantener el statu quo, fueron llevados a tener que vivir de las dádivas que discrecionalmente reparte el Estado. Están dádivas no hacen más que condenarlos a seguir siendo pobres o indigentes, a no poder prosperar, clausurando cualquier forma de progreso social que solamente puede conseguirse mediante el trabajo, que a lo largo de la historia siempre fue el gran ordenador social. Tener una sociedad fracturada, entre aquellos que podemos elegir la comida y aquellos que no lo pueden hacer, es el escenario más propicio para que se desarrolle la ola delictiva.

La inseguridad también está estrechamente relacionada con el flagelo del narcotráfico. Los radares brillan por su ausencia, las pistas clandestinas proliferan a lo largo y ancho del país, y nuestras fronteras son verdaderos coladores por donde pasan las drogas y las materias primas para producir estupefacientes. Por eso, los cárteles del narcotráfico se han instalado en la Argentina, que hace tiempo dejó de ser un territorio de paso para convertirse en un lugar de producción y elevado consumo. La Argentina, que supo ser la nación más próspera y pujante de Latinoamérica, con un desarrollo social que la ponía en pie de igualdad con el denominado primer mundo, hoy es el lugar donde más se consume droga en el continente. Y los sectores sociales postergados, como no podía ser de otra manera, son los más golpeados a partir de drogas como el paco, que se fabrica con los residuos de la cocaína.

El paco genera una adicción atroz, destruye neuronas a una velocidad asombrosa y convierte a miles de jóvenes en enfermos y delincuentes.

No es casualidad que la presidenta Cristina Kirchner, en sus discursos, ni siquiera mencione problemas como la inseguridad o el narcotráfico. Su jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, es el hijo de la mano derecha de quien es considerado el empresario más rico del mundo, el mexicano Carlos Slim, quien amasó una fortuna en un país jaqueado por los cárteles de la droga.

La propia Presidenta se reunió, varias veces, con el propio Slim, previa gestión realizada por Juan Manuel Abal Medina (padre), que es hermano de uno de los fundadores de la guerrilla Montoneros abatido en 1970. Y es el exesposo de la actual ministra de Seguridad, Nilda Garré, que también fue guerrillera en los ‘70 e hizo uso de las armas para combatir a un gobierno democrático.

¿A quién o quiénes les sirve que proliferen las personas que, producto de las adicciones y la marginalidad, no son capaces de pensar en las consecuencias de sus actos, que no pueden discernir el valor de una vida humana y no dudan en apretar el gatillo por unos pocos pesos, por un reloj o por una moto?

Nada de lo que está ocurriendo en la Argentina es producto de la casualidad. Hay responsables, con nombre y apellido, empezando por la Presidenta de la Nación y su séquito de aplaudidores que ni siquiera son capaces de reconocer que existe un serio problema con la ola delictiva en nuestro país. Estamos siendo gobernados por muchos burros que, además de ser incapaces, también demuestran ser malas personas que ni siquiera logran conmoverse con el dolor ajeno. A ellos solamente les preocupa mantenerse en el poder como sea y les resbala la angustia de una familia que pierde a un padre, a una madre o a un hijo, producto de una violencia que va en aumento.

Mientras sigamos teniendo a millones de compatriotas condenados a vivir en condiciones infrahumanas, sin brindarles la posibilidad de futuro para ellos ni para sus hijos, seguirán repitiéndose hechos lamentables como los de anoche. Que así no sea.

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