En Foco: Efecto bipolar: nos encantaría vivir en el país que imagina Cristina

En Foco: Efecto bipolar: nos encantaría vivir en el país que imagina Cristina
Si fuera real todo lo que dice la presidenta Cristina Kirchner en su discurso, la Argentina sería uno de los cantones de Suiza o algún país nórdico del primer mundo, donde la pobreza, la inflación y la inseguridad prácticamente no existen. La realidad, lamentablemente, es bien diferente.
Es asombroso cómo, mediante una constante manipulación de su propio relato, la Presidenta intenta hacerle creer a la sociedad que el kirchnnerismo no tiene nada que ver con el vaciamiento de YPF y con la aguda crisis energética que existe en nuestro país, que obliga a gastar más de 10 mil millones de dólares por año para importar combustible.

Sólo basta ver los archivos de comienzos de la década del ‘90 para darse cuenta de que los Kirchner fueron actores protagónicos en la infame venta de YPF a los españoles, recibiendo como moneda de cambio la cancelación de regalías más liquidadas, dinero que precisamente se invirtió en acciones de la petrolera privatizada. Usura mediante, esos títulos luego fueron revendidos en la segunda privatización de YPF y los 550 millones de dólares obtenidos en la operación fueron depositados en bancos de Suiza y Luxemburgo.

Así se le puso bandera de remate a una empresa que, más allá de las dificultades que atravesó por distintos gobiernos civiles y militares, daba ganancias y posibilitó, durante el gobierno de Arturo Frondizi, que el mercado interno estuviese autoabastecido en un 100%. Esta verdadera joya de la abuela, como lo era la YPF estatal, fue entregada a precio vil, recibiendo a cabo papeles de deuda subvaluados. Luego, cuando llegó a la Casa Rosada, el Gobierno K se convirtió en socio de Repsol. Por eso, tanto Néstor como Cristina avalaron y permitieron, durante una década, el saqueo sistemático, y hasta hicieron que empresarios de su propio riñón político, como es el Grupo Eskenazi (que regenteó el Banco de Santa Cruz, tras su privatización), se quedaran con el 25% de las acciones sin poner un solo peso. Fue la propia Repsol la que financió esa operación a través de los dividendos de la empresa, que se sumaron a préstamos otorgados por distintos bancos y que llevaron a que el nivel de inversión para ampliar las reservas de gas y petróleo fuera prácticamente nulo.

De esta forma, el Gobierno nacional está haciendo que el Estado, es decir, el conjunto de la ciudadanía que paga sus impuestos, se haga cargo de una empresa vaciada y saqueada. Y sin ningún tipo de beneficio para la ciudadanía, ya que los precios de los combustibles siguen aumentando (ver página 3) y muchos advierten que en cualquier momento se viene un incremento muy fuerte del GNC.

Los Kirchner están convirtiendo a YPF en una nueva Aerolíneas Argentinas. Es decir, una suerte de sociedad anónima, en la que el mayor accionista es el Estado, que carga con las pérdidas, las cuales demandan 2 millones de dólares por día. La línea aérea de bandera es una caja política de La Cámpora, que se financia con los recursos que aporta el conjunto de los argentinos, especialmente las familias más humildes, que pagan el 21% de IVA cada vez que compran un paquete de fideos. Son estas familias, precisamente las que no tienen la más mínima chance de poder, al menos, ver de cerca un avión.

Debe ser por la imperiosa necesidad que tiene de imponer su falaz relato por la fuerza que la Presidenta se muestra cada vez más intolerante a las críticas, especialmente si provienen del periodismo. Todo indica que la primera mandataria ya no está a la altura de las circunstancias, y por eso decide bajar de nivel para encontrar los enemigos en simples periodistas, a los que difama y escracha públicamente. Este tipo de actitudes intolerantes son propias de regímenes totalitarios, de gobiernos enfermos de poder.

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