Es insostenible que un personaje como Ricardo Echegaray pueda seguir al frente de un organismo tan importante como la AFIP. Se trata de un funcionario que, en los últimos años, no dudó en usar los poderes del Estado, ya sea por decisión propia o por órdenes de la propia Presidenta, para perseguir y apretar a los que ellos consideran que se encuentran en la vereda de enfrente del Gobierno nacional, incluyendo medios de comunicación. En otras palabras, la AFIP ya es la Gestapo kirchnerista.
Esta empresa, según el Boletín Oficial del 4/11/2008, tiene como socios fundadores a Mariana Paula Guerra, una cordobesa de 39 años, y Alfredo Luis Espósito, un jubilado de 58 años, domiciliado en Capital Federal. Ni uno ni otro tenían vinculación visible con el negocio ganadero y mucho menos parecían tener solvencia para montar un feed lot. Ante la AFIP, ambos declararon ser autónomos con ingresos inferiores a los 15.000 pesos anuales.
La AFIP ningún tipo de reparos y así fue como en diciembre de 2008 (días antes de que Echegaray dejara la Oncca para ocupar su cargo actual) le asignó a la empresa el CUIT 30-71080854-2.
Por otra parte, hace dos meses, la Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (Aefip) denunció., que el titular del ente recaudador habría comprado 100 mil dólares estadounidenses a precio oficial en el Banco de la Nación Argentina, según obra en el “sistema informático de la AFIP-DGI”, en medio del cerrojo cambiario más atroz que haya tenido Argentina luego del corralito de 2001.

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