Es una medida positiva que el Estado brinde un mayor respaldo al cine nacional, una industria cultural que genera empleo y promueve el desarrollo de nuestros artistas.
En ese sentido, en el Gobierno nacional debería rescatar la experiencia del cine nacional durante el primer peronismo, cuando se filmaron películas célebres que criticaban a los poderes centrales, como Las aguas bajas turbias, protagonizada por Hugo del Carril.
Asimismo, las características del acto que ayer encabezó la presidenta Cristina Kirchner, quien dijo creer ser la reencarnación de un arquitecto del antiguo Egipto, declaraciones que fueron transmitidas por cadena nacional como si se tratara de un acontecimiento que va a cambiar la historia del país, hubiese resultado acorde para un filántropo millonario que, como le sobra la plata, destina sus recursos al desarrollo de fastuosas obras artísticas.
Estos millonarios se pueden dar el lujo de decir vaguedades a diestra y siniestra, ante un auditorio totalmente obsecuente. El problema aparece cuando esta práctica es asumida como propia por parte de un gobernante, que tiene la responsabilidad de conducir el destino del país.
Anunciar con bombos y platillos, como lo hizo ayer la Presidenta, que se va a construir un polo de producción audiovisual en la exclusiva zona de Puerto Madero, financiado con los fondos previsionales de la Anses, resulta un verdadero despropósito. Y más cuando el 75% de los jubilados cobran haberes que los ubica debajo de la línea de la indigencia, por lo que, para llegar a fin de mes, requieren de la ayuda de sus hijos.
Pareciera que la Presidenta, y el conjunto de aplaudidores oficiales que la rodean, y que ayer tuvieron una asistencia perfecta al acto celebrado en el Museo del Bicentenario, viven en una suerte de realidad paralela. No quieren darse cuenta que el conjunto de la ciudad está pidiendo a sus gobernantes que haya por lo menos alguna propuesta para los principales problemas que tiene el país, como es la inseguridad, la inflación y la pérdida de puestos de trabajo generada por la recesión.
Estos temas se encuentran absolutamente ausentes de la agenda nacional. Y ni siquiera son mencionados en los largos y tediosos discursos de la Presidenta, que cada vez está más encerrada en sí misma. Y se deja endulzar los oídos por los sectores más fanáticos y obsecuentes de su gobierno, que para colmo de males están impulsando la locura de la reelección indefinida.

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