Fleming en el Superior Tribunal

Fleming en el Superior Tribunal
En el marco de la agenda que cumple en la provincia, hoy será el turno para una reunión con los jueces del alto cuerpo, que lo recibirán en el salón de Acuerdos de la Corte provincial.
La reunión genera expectativas en el marco del análisis de la situación de Corrientes, que se viene dando desde tiempo atrás en ámbitos del Poder Ejecutivo nacional y del Congreso. Días atrás, la senadora Josefina Meabe se interiorizó de temas que hacen a la realidad del Poder Judicial correntino.

¿LA CASA ESTÁ EN ORDEN? Todos saben que no; aunque ahora existiría el propósito de ponerse las pilas y barrer la basura que, por largo tiempo, estuvo bajo la alfombra. Nadie lo corre a Rubín que prometió irse en el marco de las críticas que se multiplican. Sólo se espera que el Tribunal funcione como tal, dando cobertura, respaldo y participación al resto de las jerarquías judiciales con quien hoy está divorciado. Hoy llegará a la Corte provincial el doctor Fleming, quien dialogará con todos los jueces del Tribunal.

Desde un tiempo a esta parte la cuestión Corrientes está instalada en la órbita nacional desde donde se sigue con atenta preocupación la situación del funcionamiento anómalo a nivel de la cabeza misma del Poder Judicial. Más allá de las críticas puntuales y concretas a la forma cómo ha venido desarrollando su gestión el pleno de ministros de la Corte provincial, importa recordar que desde dos años a esta parte y hasta días atrás que se integró el quinto ministro, el Tribunal funcionaba con sólo cuatro miembros sin que nunca en ese periodo se haya incorporado a miembro pleno al subrogante legal.

A ello se suma el hecho de que, contrariando las disposiciones legales y constitucionales, la Presidencia formaba mayoría de manera discrecional despachando sentencias con tres de ellos, entre los cuales -curiosamente- en no pocas oportunidades estaba él mismo, que a la vez en algunas materias tenía el primer voto.

Más allá de la gravísima situación que ello generaba, hasta ahora no llegó ningún caso a la resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que por tanto no tuvo oportunidad de expedirse respecto a la forma cómo se administra justicia en Corrientes.

Los jueces inferiores, tanto de primera instancia como los camaristas de todos los fueros y jurisdicciones tienen un casi nulo diálogo con la cabeza del poder, siendo común que los pedidos de audiencia sean sistemáticamente rechazados creando un divorcio nunca antes visto entre el Superior y el resto de los estamentos judiciales de Corrientes.

No pocos magistrados han expresado "off the record" su contrariedad no sólo con lo que pasa en las relaciones, sino respecto a la forma en que se vino conduciendo el titular del cuerpo que hace que muchas veces sean puestos todos en la misma bolsa pagando justos por pecadores.

Es el caso señalar que, desde hace tiempo, en esferas de la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación, y en algunos bloques parlamentarios, no sólo los del oficialismo, está instalada la situación de Corrientes y no solamente por el justicialismo, que entre otras cosas tiene para poner el ejemplo de la concejal elegida hace más de un año en Colonia Pellegrini que aún no pudo jurar en cuyo caso desarrolló una hiperactividad el propio Rubín en instancias de la Corte para quejarse de la ingerencia de la Justicia Federal, y sin preocuparse de enderezar un trámite que quizás se resuelva cuando venza el mandato por el cual fue elegida.

Otro caso es el del último proceso electoral del cual quedó la duda. De hecho, el justicialismo quedó con la sangre en el ojo recordándose que Rubín se dio el gusto de desairar al Presidente del PJ, entonces Vicegobernador de la Provincia, quien pidió una audiencia que no logró.

Ayer, luego de la nota publicada por este medio, trascendieron otros reproches que seguramente habrá forma de verificar si tienen basamento. Se dice que hay zonas liberadas y se pone como ejemplo la resistencia que se cumpla con la rutina de inspecciones a algunas circunscripciones del Interior como la de Goya y Mercedes, que aun cuando la normativa impondría la obligación de realizarlas al menos una vez por año, pareciera que en los casos señalados la última inspección sería de muchísimo tiempo atrás.

Otras cuestiones asoman, como la administración de obras, compras y contrataciones respecto de cuya ejecución habrían quedado cabos sueltos. En este contexto, ayer al menos pareció darse un paso importante al realizarse el acuerdo ordinario de los jueves en que -finalmente- se cubrió la vacante de suplente en el Consejo de la Magistratura del representante del Superior, que Rubín la mantenía desde hace dos años. En el acuerdo se nominó -por unanimidad- al flamante ministro Alejandro Chaín para formar parte del Consejo, siendo cuanto menos paradójico que mientras todas las demás representaciones habían cumplido en tiempo con la obligación de proveer los titulares y suplentes, la nota discordante partió de quien debió ser ejemplo y no lo fue.

Aun así fue sólo un paso por cuanto en el otro órgano constitucional, que es el Jury de Enjuiciamiento, que como el Consejo de la Magistratura languidece a cuatro años de su creación sin presupuesto, sede, ni personal propio. Hasta ahora sigue sin jurar ni asumir el miembro suplente en representación del Superior Tribunal. No asumió el año pasado y no asumió este año, cuando lo hizo el resto de sus miembros.

Éstas y muchas otras cosas son las que están perjudicando la imagen de la Justicia que, aun cuando tiene en su gran mayoría jueces probos y con trayectoria, termina quedando expuesta por la falta de conducción de la cabeza del poder.

Es que no se trata de tirar ningún viejo por la ventana ni de personalizar la crítica, sino en entender que es necesario que el sistema y las instituciones funcionen bajo reglas claras que otorguen garantía a los justiciables y credibilidad en un sistema que hoy tiene un alto descrédito social.

En este contexto, el mecanismo de formación de la voluntad de un órgano colegiado como es el Superior Tribunal, lejos está de ser un hecho menor. El imperativo es desterrar la idea de que hay manipulación en la circulación de causas, estableciendo claramente mecanismos transparentes que no dejen lugar a dudas. En este marco, el sorteo del orden de votación, tal como se aplica en las cámaras civiles pareciera ser lo más lógico en un Tribunal que no entiende por salas y que por tanto no puede tener números puestos que no surgen de ninguna normativa, acaso como olvidando que la administración de justicia en una actividad reglada y no discrecional.

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