NUEVA YORK.- La historia completa de la masacre del estado de Tamaulipas, en el nordeste de México, todavía debe ser contada por su único sobreviviente. Los primeros informes periodísticos al respecto son aterradores: 72 personas, supuestamente inmigrantes provenientes de América Central y del Sur, en camino hacia Estados Unidos, son interceptadas y apresadas por narcotraficantes que las confinan en una finca situada 140 kilómetros al sur de Texas.
La tentación puede ser desestimar esta atrocidad y considerarla otra nota desagradable de la perversa guerra de México contra el narcotráfico. Pero esas cosas no ocurren aisladamente. Los carteles de drogas mexicanos están alimentados desde afuera, con dinero, armas pesadas y adicción estadounidenses; la corriente inmigratoria hacia el Norte está alentada por nuestra demanda de mano de obra barata.
Los carteles de drogas, capitalistas oportunistas, han pasado al negocio de contrabandear gente. Los inmigrantes ilegales, conocidos como pollos, son, en algunos aspectos, mejores que los ladrillos de cocaína, porque se los puede obligar a pagar rescate y a actuar como mulas.
La respuesta de Estados Unidos a los problemas de México ha consistido mayormente en una intensa fijación por militarizar la frontera? La acción más reciente en ese sentido ha sido un proyecto de ley para gastar 600 millones de dólares, sugerida por el senador Charles Schumer, demócrata por Nueva York, y firmada por el presidente Barack Obama. El uso de la fuerza policial sin ninguna reforma de la inmigración legal crea tan sólo una ilusión de control. Sin un sistema que tome en cuenta la demanda de mano de obra, proliferan la ilegalidad, el desorden y la muerte.
Los actuales programas para trabajadores temporarios son tan engorrosos y burocráticos que los empleadores prácticamente no pueden aplicarlos. Incapaces de ingresar legalmente, y excluidos de Texas y California por una rigurosa seguridad fronteriza, los inmigrantes saltan la cerca cada vez más lejos, internándose en el remoto desierto de Arizona. Los cruces ilegales han disminuido debido al mal estado de la economía, pero las muertes han aumentado durante este brutal verano. La atracción de nuevas oportunidades aún resulta seductora.
Hemos delegado en los barones del narcotráfico la tarea de administrar nuestro abastecimiento de inmigrantes, tal como manejan nuestro abastecimiento de narcóticos. Los resultados están a la vista.
El siguiente es el editorial del diario The New York Times sobre la masacre de 72 inmigrantes ilegales en Tamaulipas.
CIFRAS
28.000
* Es el total de muertos que se ha cobrado la violencia ligada al crimen organizado, desde diciembre de 2006, cuando Felipe Calderón asumió la presidencia de México.
20.000
* Es la cantidad de inmigrantes ilegales que son secuestrados por año en México, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos


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