Por Ricardo KirschbaumEl más duro fiscal de la política energética oficial en el Congreso no fue un opositor sino un hombre del entorno más íntimo de la Presidenta .
Kicillof habló de “vaciamiento”, de “desastre”, al referirse a la gestión de la española Repsol al frente de la petrolera oficial. Se cuidó, como De Vido, de incluir en ese “desastre” al grupo Eskenazi, que llegó a YPF de la mano de Néstor Kirchner. Fue notoria, en ese sentido, la molestia en los funcionarios cuando los senadores opositores mencionaron esa operación de “argentinización” , como también la incomodidad de recibir críticas. Ya De Vido tuvo una reacción extemporánea cuando se trató en el Senado el accidente de Once y la política ferroviaria .
Es obvio que ni De Vido ni Cameron se dieron por aludidos en el discurso de ayer de Kicillof. Los funcionarios kirchneristas hablan de la crisis energética como si se hubiera producido en otro gobierno , en otra época y en otro país. Obviamente, esta expropiación corregirá todos los errores en los que incurrió Repsol (y sus aliados) y nos devolverá el autoabastecimiento energético.
Ese fenómeno de nacer t odos los días sin responsabilidad por lo que se hizo ayer es una curiosidad de este gobierno kirchnerista, siempre listo a encontrar afuera un culpable de sus propios errores.
Por lo demás, Kicillof ratificó en el Senado que es mucho más que un viceministro . Su disertación pareció una clase para los senadores sobre la oportunidad: la privatización de YPF o la expropiación, como ahora, son decisiones instrumentales q ue responden a momentos históricos a los que se puede echar mano. Una forma de justificar el apoyo de los Kirchner a la venta de YPF en el menemismo.
A propósito, ¿Menem votará el proyecto?



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