Financiar el crecimiento

Por: Gustavo Marangoni.

Argentina se encamina a tener una década de crecimiento económico con equilibrios virtuosos, donde se destaca la ausencia de restricción externa y la existencia de ahorro propio para no depender del endeudamiento externo a la hora de financiar el crecimiento.

El compromiso del Gobierno nacional con políticas que alientan la demanda y el mercado interno, junto con la atractiva rentabilidad en muchos sectores, conforma una plataforma positiva para tener un sendero de inversión robusto.

Aun con una inversión elevada que ronda el 23% del PBI, siendo a su vez el motor más dinámico del crecimiento actual, existen situaciones heterogéneas en cuanto a las necesidades de expansión de la capacidad productiva. Especialmente en la industria manufacturera, de gran peso en la provincia de Buenos Aires, que aloja la mitad del producto industrial nacional. El nivel de demanda creciente (gracias a una política de ingresos vigorosa) y buenas perspectivas de demanda externa (especialmente en agroalimentos) exigen seguir invirtiendo y aumentando la productividad.

Aquí aparece la necesidad de seguir reforzando la interrelación entre el canal de lo productivo y lo financiero. Muchas industrias ya no pueden costear sus proyectos de inversión sobre la base del propio flujo de fondos, y requieren recostarse más en el financiamiento bancario. Afortunadamente este vínculo, si bien con mucho espacio para mejorar, muestra datos alentadores. Por primera vez en mucho tiempo el crédito al sector productivo para empresas (+50%) crece más que el destinado a consumo (+46%). Hace trece meses que se consolida esta tendencia en un contexto de muy baja morosidad, lo que alienta a pensar que los esfuerzos y las políticas activas desde lo crediticio están dando sus frutos. Entre los sectores económicos sobresale el dinamismo del crédito a la industria, seguido por servicios y producción primaria. Y las líneas que más crecen son para exportaciones, capital de trabajo e inversión y leasing para reequipamiento de bienes de capital.

Las políticas activas de la Nación implementando nuevos instrumentos (créditos del Bicentenario, programa de estímulo a las pymes que otorga subsidio de tasa, entre otros), junto con el esfuerzo coordinado con el nivel provincial, que articula financiamiento con su banca pública, como es el caso de la provincia de Buenos Aires y el Banco Provincia, resultan protagonistas en este impulso del financiamiento para el crecimiento especialmente de las pymes.

El compromiso con este camino es ineludible. De hecho, el Banco Provincia está liderando el incremento del crédito a empresas ya que aumenta el 55% contra el 48% de los bancos privados. Así nuestro Banco Provincia, asumiendo plenamente los objetivos que nos señalara el gobernador Scioli desde el primer día de su gestión, refuerza su compromiso con el financiamiento de la producción e inversión. Este año estamos más que duplicando la cartera que destinamos a las pymes. Vamos camino a colocar alrededor de $ 14 mil millones en nuevos créditos a las empresas durante 2011, que se compara favorablemente con los $ 7.500 millones colocados el año anterior.

Desde la banca pública debemos seguir mejorando nuestra estructura de fondeo para apalancar en mejores condiciones el crédito productivo. Pero somos optimistas respecto del fortalecimiento del vínculo entre financiamiento y actividad económica, para que la banca esté al servicio de la producción y el empleo. Existe una situación de mutua complementación: los bancos tienen mucho margen para crecer en su exposición al sector privado (hoy el crédito a empresas sólo ronda el 7% del PBI), están líquidos y con carteras sanas y, por su parte, las empresas tienen muy bajos niveles de endeudamiento con el sistema financiero y a su vez tienen proyectos rentables para expandir la capacidad de producción.

El aliento a la inversión en la etapa actual del ciclo de crecimiento resulta crucial en dos aspectos. Desde lo social, permite seguir reduciendo la vulnerabilidad, mejorando la inclusión con más empleo de mejor calidad. También ampliando la oferta de bienes y servicios con más producción se quita presión sobre los precios, especialmente en el sector transable, y por ende se protege el poder de compra de los trabajadores. Finalmente, desde el punto de vista de la fortaleza macroeconómica, la inversión que se orienta a diversificar la estructura productiva, ampliando la canasta exportadora (especialmente en las MOI) y sustituyendo importaciones, permite alejar la restricción externa. Esto, sin lugar a dudas, nos pone en inmejorables condiciones para encarar con optimismo la segunda etapa del cambio que estamos iniciando en la provincia de Buenos Aires.

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