Tiene 17 años y confesó haber disparado a latitas desde su casa junto a un amigo. Por los ataques, los vecinos radicaron varias denuncias en Tribunales y en la comisaría 3ª.
"Presumiblemente, el joven estuvo disparando a unas latitas con otro chico. Fuimos con la madre al domicilio, donde primero el pibe se mostró ofuscado y culpó al amigo, luego se calmó y no opuso resistencia alguna. Se le secuestró el arma y quedará en la comisaría unas dos horas más porque hay que dar parte a la fiscalía y a los juzgados: él es menor y volverá a su casa, pero lo que hizo de juego tiene poco", reflexionó al caer la tarde de ayer el comisario Mariano Covi, al frente de la seccional.
Todo comenzó con cuatro denuncias radicadas en dos juzgados correccionales distintos por parte de vecinos de Moreno al 200. Sindicaban como responsable de disparar sobre sus balcones a un "francotirador de balines de aire comprimido". No conformes con esa hipótesis, arriesgaron que el arma tendría un dispositivo extra ya que les había perforado persianas y vidrios. Y los investigadores estimaron que el rifle contaría con una garrafita de gas adosada para dar mayor potencia o bien alguna pistola adaptada.
Pero alrededor de las 19 se constató que esas sospechas superaban bastante a la realidad. El responsable de los balinazos era un menor que reside en un edificio ubicado en Moreno 239. El joven supuestamente estaba jugando al tiro al blanco con un amigo sin caer en la cuenta del riesgoso pasatiempo que practicaba en pleno macrocentro de la ciudad.
"Habíamos hablado con varios vecinos, que nos indicaron de dónde salían los disparos. Estábamos a punto de pedir una orden de allanamiento al juez pero la madre del chico se presentó en Tribunales y nos ganó de mano. Dijo tener la sospecha de que era su hijo, así que fuimos con ella al departamento, nos permitió el ingreso y hablamos con el chico", relató Covi.
Lo cierto es que, antes de la detención del jovencito, los vecinos expresaron preocupación. Y hasta guardaron las municiones y se organizaron colocando un registro en el edificio para apuntar quién había sido baleado y quien no (ver fotografía).
"¿Qué pasa si le pegan a un nene o a cualquiera que esté en un balcón", se habían interrogado los vecinos, mientras exhibían los balines acumulados, fundamentalmente entre el jueves y el sábado pasados.
"El jueves, viernes y sábado fue tremendo. Tiraba cada una o dos horas", contó Fernando, uno de los damnificados.
Otro caso similar que conmovió a la opinión pública fue el resgistrado el 13 de mayo de 2011, cuando la policía detuvo a un joven de 21 años en un departamento de Dorrego y Wheelwright.
Los vecinos también denunciaron en esa oportunidad que se hacían disparos con un rifle de aire comprimido, llegando a lesionar a varias personas.
Aunque en el lugar los policías no sólo hallaron el arma buscada: también una pistola y un altar umbanda.
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