Por las filtraciones, se iría el “primer ministro” del Papa

Por Julio Algañaraz.

El cardenal Bertone, principal colaborador de Benedicto XVI, renunciaría en octubre.

El Papa cedió a las irresistibles presiones que vienen de una buena parte de los cardenales y las irritadas conferencias episcopales, y decidió hacer rodar la cabeza de su amigo el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado y su “primer ministro” en el comando de la Curia Romana, el organismo central del gobierno de la Iglesia. El Vaticano no dio ninguna información oficial acerca de esta importante nueva fase en el pontificado de Benedicto XVI.

La creciente crisis interna, con facciones en lucha que se combaten por el control del poder y la sucesión del anciano pontífice de 85 años, demostró a Joseph Ratzinger que es son necesarios nuevos equilibrios, medidas para restablecer la confianza y poner fin al desmadre de estos últimos tiempos. El Papa ha perdido el control de la situación interna y necesita recuperarlo lo antes posible.

Dos reuniones convocadas por el Papa el sábado en el Palacio Apostólico sancionaron el “momentum” del gran cambio, que obliga al cardenal Bertone a caminar hacia la salida. Una fecha clave es el 2 de diciembre, cuando el salesiano ex arzobispo de Génova y el más íntimo amigo y colaborador de Benedicto XVI, cumplirá 78 años.

Pero como al parecer la crisis pone prisa aún a los tiempos y modos algodonados que prefiere usar el Vaticano, varios vaticanistas señalaron ayer que el cardenal Bertone podría concretar su renuncia en octubre, por límites de edad. Desde que cumplió 75 años, el secretario de Estado renueva su dimisión jubilatoria como indican los cánones. Hasta ahora el Papa la rechazó. Y lo seguiría haciendo si no fuera porque la realidad vuelve insoportable mantener a su lado a quién lo acompañó durante años como secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, del cual Joseph Ratzinger era el guardian de la ortodoxia y la disciplina en el papado de Juan Pablo II.

Acaba de cumplir un mes de arresto en una gayola del Estado pontificio el mayordomo infiel de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, acusado de haber robado muchos documentos ultrasecretos de los escritorios del Papa y su secretario, monseñor Georg Gaenswein, pero también de los archivos de los apartamentos papales.

Hasta ahora, “Paoletto” es el único “cuervo”, como llaman a los que robaron e hicieron públicos a la prensa y a varias “manos negras”, fuera del Vaticano, documentos reservados y explosivos, que sirven a las facciones internacas para combatirse entre sí. No hay otros denunciados.

El cardenal Bertone es el principal acusado de no controlar la situación con una pésima gestión y de haber extendido tanto su poder interno que ha provocado la fatal hostilidad de otros grupos de cardenales. Desde que se inició el actual pontificado, el “ala diplomática” combatió a Bertone, que nunca fue miembro de la Academia Pontifica, la usina de diplomáticos vaticanos, de cuyas filas salía por tradición el secretario de Estado

Estas historias no dejan bien parada la figura y la autoridad del pontífice, que recibió una benéfica tregua a principios de junio con el baño de multitud por parte de grandes masas católicas en el Encuentro Mundial de las Familias celebrado en Milán.

El alicaído animo del pontifice mejoró bastante con aquellas manifestaciones de nutrido afecto. Pero el malestar de las conferencias episcopales nacionales por la situación interna del Vaticano es evidente. Uno de los más influyentes e importantes cardenales europeos, el frances André Vingt-Trois, arzobispo de París, dijo a una radio católica que la Curia, así como esta, no funciona. “No se adapta al funcionamiento actuial de la Iglesia”.

La advertencia del cardenal debe haber impresionado mucho al Papa. El cardenal Vingt-Trois cargó la mano señalando: “Hoy cada organismo funciona para si mismo y las comunicaciones entre ellos son lentos si no a veces inexistentes, a menos que los cardenales conversen entre ellos. Un trabajo para afinar y coordinar el funcionamiento es necesario”.

Con respecto a la gestión del cardenal Bertone, el cardenal de París, le echó una palada de tierra defintiva al decir que “tiene 78 años y no hay necesidad de revelaciones secretas par saber que su salida de la secretaría de Estado es previsible”.

De las reuniones del mas alto nivel del Papa con los cardenales que más pesan en la Curia, el sábado, habrían emergido dos certidumbres: por un lado la salida del cardenal Bertone para aliviar la presión de la guerra interna y, por el otro, “blindar” el gobierno de la Iglesia responsabilizando a los “ministros” vaticanos por la custodia de los documentos reservados.

El pontífice sondeó a las jerarquías cardenalicias sobre la perspectiva de crear un ·”gobierno técnico” confiado a un responsable de la diplomacio de la Santa Sede. Bertone no venía de la carrera diplomática. El elegido podría ser el arzobispo francés (de Córcega), monseñor Dominique Mambertí, secretario para las Relaciones entre los Estados, vice de Bertone como “canciller” de la Santa Sede.

Otra novedad es que el Vaticano decidió por primera vez nombrar un asesor de comunicaciones que trabajará con el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi. El elegido es Greg Burke, periodista norteamericano de la cadena ultraconservadora y anti Obama “Fox News”, miembro del Opus Dei. Burke es el corresponsal de la Fox en Roma.

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