La localidad cobró notoriedad por el hecho que causó alarma y que desnudó un problema que sigue creciendo. Sus habitantes afirman que los medios los trataron injustamente por una agresión que todavía no se comprobó.
En 2011, el 71% de los alumnos argentinos aseguró haber presenciado actos de violencia en la escuela. Pero hubo un caso paradigmático, que conmovió particularmente a la opinión pública de Salta. Desde un pequeño pueblo de Santa Fe, una madre salteña afirmó que a su hijo de 11 años tuvieron que extirparle un testículo luego de una agresión que habría sufrido en su escuela. Además, la mujer oranense había denunciado en octubre último que sus dos hijos menores sufrían discriminaciones “por ser salteños”.
El Tribuno viajó hasta a Fighiera para conocer más de cerca la trama de esta historia con dos versiones contrapuestas.
Por el hecho se realizaron dos denuncias penales, contra los presuntos autores y contra autoridades de la escuela, que no habrían tomado las medidas necesarias para evitar el triste resultado, según comunicaron los abogados de la familia salteña. Una comisión del Ministerio de Educación de Santa Fe estuvo en la localidad, durante al menos tres días, para recoger testimonios y tratar de dilucidar lo que pasó. Al mismo tiempo, el Ministerio de Derechos Humanos local solicitó informes sobre todas las acciones que se tomaron desde octubre y de las medidas que se piensan adoptar en adelante. Además, el organismo se comprometió a acompañar a la familia en el proceso. Todavía no se conoce el resultado del informe.
La información causó mucha polémica en la población de Fighiera. Muchos padres y ex alumnos se manifestaron a favor de la versión de las autoridades de la escuela. Estas, según pudo reconstruir El Tribuno, niegan que la agresión haya sido dentro del establecimiento y sospechan del tratamiento que eligió la madre salteña, que tras más de 10 días de silencio denunció a los medios de comunicación lo que para ella había ocurrido: al chico le pegaron en el baño, donde no había maestros y no dijo nada durante ese día y el siguiente porque otras veces había advertido a los docentes que lo agredían, pero generalmente no se castigaba a los culpables.
La familia dice que recién se enteró de la supuesta agresión cuando el chico lo confesó, antes de entrar al quirófano, tras una pregunta del personal del hospital. “Al otro día mi hermana comunicó esto a la escuela, pero ellos decían que ninguna maestra o alumno había visto algún tipo de agresión. Por eso después de 10 días decidí denunciar todo en la Justicia y los medios”, argumentó ante El Tribuno Miriam Domínguez.
La madre, de cinco hijos y 45 años, está casada con el también oranense René Ramón López, quien es embalador en el Mercado Central de Buenos Aires. Ella se mudó al pueblo hace poco más de dos años. “Para que no se separe la familia y para que los más chicos puedan ver más seguido a su padre”, dijo.
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